1750-1850 Época de Revolución Social. No se puede hacer un perfil de Simón Bolívar como revolucionario sin situarlo en un momento, un lugar y en unas circunstancias sociales determinadas. En el lapso que se señala arriba se desarrollaba en la civilización occidental una dinámica que Carlos Marx denominara época de revolución social. Un período de transición que media entre el momento en que “al llevar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas de la sociedad chocan con las relaciones de producción existentes” hasta una situación en la cual se han desvanecido las viejas relaciones de producción, estableciéndose otras vinculaciones entre los hombres y los agregados sociales que ellos conforman, cualitativamente nuevas, que liberan las potencialidades que ofrecen las tecnologías puestas en uso En ese lapso la revolución industrial que resaltaba la importancia del capital dominante de buena parte de la economía, modificaba las relaciones de producción existentes, colidiendo con una economía generada por un sistema productivo sustentado en las actividades agrícolas y mineras, con una artesanía marginal y, una expansión del comercio debida a los grandes viajes que ampliaron los espacios productivos e intensificaron los intercambios a escala mundial. Desde luego este cambio en los usos y costumbres sociales, derivado de una reorientación de las fuerzas laborales hacia las actividades urbanas, con el consiguiente despoblamiento de las áreas rurales, implicó también la necesidad de una tecnificación de la producción agrícola, lo que modificó los hábitos de vida de toda la población. Empero el orden jurídico-político vigente, sustentado en la soberanía del monarca, legitimada por la voluntad de Dios; en el pensamiento económico mercantilista que concentraba la riqueza en el gobierno y la aristocracia terrateniente; y, en el nacionalismo basado en la idea del pueblo que acentuaba la importancia de los factores naturales y tradicionales sobre la voluntad de los individuos, se mantenía frente a las contracreencias de un liberalismo incierto, basado en los derechos del hombre, entre los cuales resaltaban la libertad y la igualdad de los seres humanos; en la transferencia de la soberanía al pueblo; y, en un cosmopolitismo que universalizaba los problemas sociales. Un hecho que políticamente enfrentaba el orden monárquico con el ideal republicano. Ya Simón Bolívar, un joven de costumbres mundanas incentivadas por su riqueza, le correspondió por azar estar en el momento y lugar en los cuales se producía la colisión entre las viejas y las nuevas formas de vida. Pero como es común en seres con tendencias hedonistas, su sensibilidad era alta. El goce de la vida rechaza la miseria y la pobreza que son señales de la muerte. Eso lo hacía revolucionario, no rebelde. José Ortega y Gasset al hablar de estos conceptos decía que la revolución es el alzamiento de los hombres contra los usos, en tanto que la rebelión es la sublevación contra los abusos. La revolución es constructora, la rebelión es reivindicadora. Es decir, la revolución busca el cambio de las instituciones que configuran la superestructura de la sociedad, mientras la rebelión solo pretende suprimir las arbitrariedades como acciones de los integrantes de las clases y estamentos dominantes. Por estas razones se podría decir que Bolívar fue un revolucionario. Amo la vida y los placeres que ella le proporcionaba, constreñida por una violencia estructural –psicológica y económica- alienante y empobrecedora de la existencia humana, por lo que buscó un cambio institucional. Y cuando jura en el Monte Sacro no se propuso suprimir las arbitrariedades de quienes detentaban el poder, con lo cual simplemente hubiese sido un reformista. Se planteo sustituir el régimen monárquico imperante en Venezuela y las bases estructurales de la organización estatal, por uno inspirado en la idea de la república. Venezuela espacio para la revolución. Pero ese joven Bolívar era un hombre ligado a su tierra. No por su valor como sustento de la vida. Se vinculaba al espacio donde nació por su significado simbólico. En una realidad humana donde el poder, como capacidad de transformación de la materialidad para los fines del hombre y sus asociaciones, está en la base del carácter de las relaciones sociales, y depende de la interacción del individuo y de su grupo con el espacio que habitan, entendió que el campo para su acción no era Europa. Allí era un forastero, y su actividad la limitaba el derecho de los habitantes de esos territorios que por generaciones habían cultivado creando y recreando estructuras que impulsaban su progreso. Así podría considerarse un patriota. Un hombre del mundo, cosmopolita, que le da identidad propia el espacio cuyos antepasados usaron para laborarlo, en el sentido de convertirlo en útil para el ascenso humano. No era un patriota en el sentido del término para la época. Para ese momento convivían las nociones de “patria propia” derivada de la vida tribal que significaba el exclusivo dominio de un espacio de extensión definida por un grupo autónomo social y políticamente, homogéneo culturalmente y con una organización social unificada; y, la de “patria común” asociada a la idea de nacionalismo, que correspondía al espacio sometido a un régimen político que lo convertía en un país en el cual existían interdependencias entre los habitantes de las distintas regiones bajo el poder del gobierno. La visión bolivariana del patriotismo correspondía a una concepción cosmopolita basada en la voluntad de un conjunto de ciudadanos de origen etnocultural diferente, tolerantes, que ocupan un territorio para su disfrute, previo un pacto escrito o tácito. Es el llamado patriotismo republicano que formo parte de las contracreencias de carácter libertario elaboradas por F. M. Aouet “Voltaire” y J. J. Rousseau. Era en esa ocasión, y lo es todavía dada la preeminencia de la noción de “patria común”, una idea revolucionaria, pues no limita la posibilidad de extender la patria, incluso hasta un nivel planetario, siempre que exista la voluntad de los pueblos de integrar sus territorios en uno solo para su disfrute. Fue lo que alimentó su proyecto de Colombia la grande y, posteriormente de la Confederación de Pueblos Americanos. Pero en su Venezuela nativa sólo existía la noción de “patria propia”. En la condición de “colonia secundaria”, el espacio venezolano carecía de un gobierno que lo integrara como país. Era el hábitat de un conjunto de grupos etnoculturalmente homogéneos, incluyendo las propias comunidades de colonos, relativamente autónomos, que dominaban espacios de extensión definida. Ni la Capitanía General como estructura para la defensa de las fronteras del Imperio en América había cambiado esa situación. Por ello, el modificar ese cuadro hacia uno que expresase el “patriotismo republicano”, implicaba saltar la etapa de la implantación de la noción de “patria común”. Y ello sólo era posible dentro de un proceso revolucionario. El mismo que le correspondería liderar. Rousseau y Montesquieu se enfrentan en la sociedad venezolana En esas condiciones el conjunto de la población venezolana desarticulada, pero incorporada a procesos productivos tradicionales, se configuraba como una estructura estamental jerarquizada, fundada en privilegios positivos o negativos en la consideración social, que implicaba la apropiación monopólica de probabilidades adquisitivas privilegiadas para los estamentos superiores, mientras las restringían notoriamente para aquellos considerados inferiores. Dentro de esa estructura existían tensiones entre los llamados “blancos peninsulares”, con funciones de gobierno, y los “blancos criollos” que dominaban el aparato productivo; y, entre estos y los “blancos de orilla”, pardos, indios encomendados y negros esclavos que conformaban la fuerza de trabajo. En esas circunstancias sociales se produjo el alzamiento de los “blancos criollos” del 19 de abril de 1810 frente a lo que consideraban la injusta restricción del acceso al mercado ya globalizado que le restaba posibilidades de optimizar sus beneficios. En esa insurrección participó Bolívar como miembro prominente de ese estamento. Pero no se trató de una revolución. Fue una rebelión en su origen. No obstante una mayoría determinante del grupo rebelde pensó en el cambio institucional. En la sustitución del régimen monárquico por el republicano. Pero la idea de la República no fue compartida por igual. Para unos –la mayoría- siguiendo el pensamiento de Montesquieu, la república es “el imperio de las leyes y no de los hombres”, para lo cual hay que hacer coincidir el poder, derivado de la propiedad, con la autoridad. Para otros –la minoría agregada en la Sociedad Patriótica- esa república es el dominio del pueblo, como asociación voluntaria de ciudadanos, sobre una patria para su disfrute, según el pensamiento de Rousseau. Entendían la necesidad de unificar esa población fragmentada y estratificada para generar el poder necesario a fin de hacer efectiva la soberanía en un mundo donde esta variable define las posibilidades de realización de las personas de acuerdo a sus capacidades. Esa era la posición revolucionaria que asumió Bolívar. Pero no como un ciudadano más sino como su líder indiscutido. Una condición derivada de su grandeza producto de su visión trascendente de la vida y el mundo, y de su tenacidad.
28 de abril de 2008
BOLÍVAR REVOLUCIONARIO
1750-1850 Época de Revolución Social. No se puede hacer un perfil de Simón Bolívar como revolucionario sin situarlo en un momento, un lugar y en unas circunstancias sociales determinadas. En el lapso que se señala arriba se desarrollaba en la civilización occidental una dinámica que Carlos Marx denominara época de revolución social. Un período de transición que media entre el momento en que “al llevar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas de la sociedad chocan con las relaciones de producción existentes” hasta una situación en la cual se han desvanecido las viejas relaciones de producción, estableciéndose otras vinculaciones entre los hombres y los agregados sociales que ellos conforman, cualitativamente nuevas, que liberan las potencialidades que ofrecen las tecnologías puestas en uso En ese lapso la revolución industrial que resaltaba la importancia del capital dominante de buena parte de la economía, modificaba las relaciones de producción existentes, colidiendo con una economía generada por un sistema productivo sustentado en las actividades agrícolas y mineras, con una artesanía marginal y, una expansión del comercio debida a los grandes viajes que ampliaron los espacios productivos e intensificaron los intercambios a escala mundial. Desde luego este cambio en los usos y costumbres sociales, derivado de una reorientación de las fuerzas laborales hacia las actividades urbanas, con el consiguiente despoblamiento de las áreas rurales, implicó también la necesidad de una tecnificación de la producción agrícola, lo que modificó los hábitos de vida de toda la población. Empero el orden jurídico-político vigente, sustentado en la soberanía del monarca, legitimada por la voluntad de Dios; en el pensamiento económico mercantilista que concentraba la riqueza en el gobierno y la aristocracia terrateniente; y, en el nacionalismo basado en la idea del pueblo que acentuaba la importancia de los factores naturales y tradicionales sobre la voluntad de los individuos, se mantenía frente a las contracreencias de un liberalismo incierto, basado en los derechos del hombre, entre los cuales resaltaban la libertad y la igualdad de los seres humanos; en la transferencia de la soberanía al pueblo; y, en un cosmopolitismo que universalizaba los problemas sociales. Un hecho que políticamente enfrentaba el orden monárquico con el ideal republicano. Ya Simón Bolívar, un joven de costumbres mundanas incentivadas por su riqueza, le correspondió por azar estar en el momento y lugar en los cuales se producía la colisión entre las viejas y las nuevas formas de vida. Pero como es común en seres con tendencias hedonistas, su sensibilidad era alta. El goce de la vida rechaza la miseria y la pobreza que son señales de la muerte. Eso lo hacía revolucionario, no rebelde. José Ortega y Gasset al hablar de estos conceptos decía que la revolución es el alzamiento de los hombres contra los usos, en tanto que la rebelión es la sublevación contra los abusos. La revolución es constructora, la rebelión es reivindicadora. Es decir, la revolución busca el cambio de las instituciones que configuran la superestructura de la sociedad, mientras la rebelión solo pretende suprimir las arbitrariedades como acciones de los integrantes de las clases y estamentos dominantes. Por estas razones se podría decir que Bolívar fue un revolucionario. Amo la vida y los placeres que ella le proporcionaba, constreñida por una violencia estructural –psicológica y económica- alienante y empobrecedora de la existencia humana, por lo que buscó un cambio institucional. Y cuando jura en el Monte Sacro no se propuso suprimir las arbitrariedades de quienes detentaban el poder, con lo cual simplemente hubiese sido un reformista. Se planteo sustituir el régimen monárquico imperante en Venezuela y las bases estructurales de la organización estatal, por uno inspirado en la idea de la república. Venezuela espacio para la revolución. Pero ese joven Bolívar era un hombre ligado a su tierra. No por su valor como sustento de la vida. Se vinculaba al espacio donde nació por su significado simbólico. En una realidad humana donde el poder, como capacidad de transformación de la materialidad para los fines del hombre y sus asociaciones, está en la base del carácter de las relaciones sociales, y depende de la interacción del individuo y de su grupo con el espacio que habitan, entendió que el campo para su acción no era Europa. Allí era un forastero, y su actividad la limitaba el derecho de los habitantes de esos territorios que por generaciones habían cultivado creando y recreando estructuras que impulsaban su progreso. Así podría considerarse un patriota. Un hombre del mundo, cosmopolita, que le da identidad propia el espacio cuyos antepasados usaron para laborarlo, en el sentido de convertirlo en útil para el ascenso humano. No era un patriota en el sentido del término para la época. Para ese momento convivían las nociones de “patria propia” derivada de la vida tribal que significaba el exclusivo dominio de un espacio de extensión definida por un grupo autónomo social y políticamente, homogéneo culturalmente y con una organización social unificada; y, la de “patria común” asociada a la idea de nacionalismo, que correspondía al espacio sometido a un régimen político que lo convertía en un país en el cual existían interdependencias entre los habitantes de las distintas regiones bajo el poder del gobierno. La visión bolivariana del patriotismo correspondía a una concepción cosmopolita basada en la voluntad de un conjunto de ciudadanos de origen etnocultural diferente, tolerantes, que ocupan un territorio para su disfrute, previo un pacto escrito o tácito. Es el llamado patriotismo republicano que formo parte de las contracreencias de carácter libertario elaboradas por F. M. Aouet “Voltaire” y J. J. Rousseau. Era en esa ocasión, y lo es todavía dada la preeminencia de la noción de “patria común”, una idea revolucionaria, pues no limita la posibilidad de extender la patria, incluso hasta un nivel planetario, siempre que exista la voluntad de los pueblos de integrar sus territorios en uno solo para su disfrute. Fue lo que alimentó su proyecto de Colombia la grande y, posteriormente de la Confederación de Pueblos Americanos. Pero en su Venezuela nativa sólo existía la noción de “patria propia”. En la condición de “colonia secundaria”, el espacio venezolano carecía de un gobierno que lo integrara como país. Era el hábitat de un conjunto de grupos etnoculturalmente homogéneos, incluyendo las propias comunidades de colonos, relativamente autónomos, que dominaban espacios de extensión definida. Ni la Capitanía General como estructura para la defensa de las fronteras del Imperio en América había cambiado esa situación. Por ello, el modificar ese cuadro hacia uno que expresase el “patriotismo republicano”, implicaba saltar la etapa de la implantación de la noción de “patria común”. Y ello sólo era posible dentro de un proceso revolucionario. El mismo que le correspondería liderar. Rousseau y Montesquieu se enfrentan en la sociedad venezolana En esas condiciones el conjunto de la población venezolana desarticulada, pero incorporada a procesos productivos tradicionales, se configuraba como una estructura estamental jerarquizada, fundada en privilegios positivos o negativos en la consideración social, que implicaba la apropiación monopólica de probabilidades adquisitivas privilegiadas para los estamentos superiores, mientras las restringían notoriamente para aquellos considerados inferiores. Dentro de esa estructura existían tensiones entre los llamados “blancos peninsulares”, con funciones de gobierno, y los “blancos criollos” que dominaban el aparato productivo; y, entre estos y los “blancos de orilla”, pardos, indios encomendados y negros esclavos que conformaban la fuerza de trabajo. En esas circunstancias sociales se produjo el alzamiento de los “blancos criollos” del 19 de abril de 1810 frente a lo que consideraban la injusta restricción del acceso al mercado ya globalizado que le restaba posibilidades de optimizar sus beneficios. En esa insurrección participó Bolívar como miembro prominente de ese estamento. Pero no se trató de una revolución. Fue una rebelión en su origen. No obstante una mayoría determinante del grupo rebelde pensó en el cambio institucional. En la sustitución del régimen monárquico por el republicano. Pero la idea de la República no fue compartida por igual. Para unos –la mayoría- siguiendo el pensamiento de Montesquieu, la república es “el imperio de las leyes y no de los hombres”, para lo cual hay que hacer coincidir el poder, derivado de la propiedad, con la autoridad. Para otros –la minoría agregada en la Sociedad Patriótica- esa república es el dominio del pueblo, como asociación voluntaria de ciudadanos, sobre una patria para su disfrute, según el pensamiento de Rousseau. Entendían la necesidad de unificar esa población fragmentada y estratificada para generar el poder necesario a fin de hacer efectiva la soberanía en un mundo donde esta variable define las posibilidades de realización de las personas de acuerdo a sus capacidades. Esa era la posición revolucionaria que asumió Bolívar. Pero no como un ciudadano más sino como su líder indiscutido. Una condición derivada de su grandeza producto de su visión trascendente de la vida y el mundo, y de su tenacidad.
LA REVOLUCION SEGUN EL CAMARADA FIDEL CASTRO
“Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado…; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos…; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio…; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y de las ideas…, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo”.
Así, desde el punto de vista teórico, salta a la vista la rigurosa correspondencia de la formulación fidelista con el modo de concebir Marx y Engels el progreso social. Si no, fíjese usted en lo que al respecto escribieron esos dos Grandes Maestros de los pueblos:
“Para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que ha de ajustarse la realidad –plantean ellos en La ideología Alemana--. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual…”.
A no dudar, la coincidencia entre ambas percepciones es tanto más significativa por cuanto ellas encierran la esencialidad del concepto de Revolución: me refiero a la exigencia de cambiar todo lo cambiable, desde la perspectiva de asumir al comunismo como proceso que anula y supera lo negativo en la transformación social.
No obstante, lo más importante en la definición de marras lo hallo en su terrenalidad, en su ajuste al devenir histórico.
Desde mi ángulo de mira, la praxis de la Revolución Cubana corrobora cómo la emancipación de los pueblos es, en primerísimo lugar, obra de sus esfuerzos propios, sin que ello niegue la valía de la solidaridad foránea.
Asimismo, considero que las primeras cuatro décadas y media de la Revolución cubana corrobora cómo la sobrevivencia incluye la insoslayable exigencia de defender a los valores asumidos, sin importar el precio a pagar. He aquí un porqué de nuestra actitud ante “el Norte revuelto y brutal”.
Como si fuera poco lo expresado, opino que también la Revolución cubana corrobora cómo el acompañamiento popular que exhibe se debe en medida nada despreciable al hecho de que jamás ha mentido –valiosísimo principio ético--, lo que no contradice la máxima de José Martí acerca de las cosas que para lograrlas han de andar ocultas.
Además, sostengo que si la Revolución cubana llega hasta aquí con perspectivas de éxitos y más éxitos ello se ha debido, básicamente, a la convicción patriótico-revolucionario-socialista de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar a la verdad y a las ideas.
Empero, quizás lo marcadamente trascendente de cómo percibe el Presidente Fidel Castro a la Revolución se encuentre en la decisión de luchar, luchar y luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, cual reflejo del empeño sostenido por construir la dignidad, la equidad y la felicidad para todas las personas del Universo.
En suma, estoy convencido de que lo fundamental es asumir la Revolución como la posibilidad de edificar un apotegma martiano: “Patria es humanidad”.
LA REVOLUCION
Como diría el Camarada Mao Tse Tung, la generalidad de las leyes sociales consiste en que se manifiestan en todo lo particular, y la particularidad consiste en que es la forma en que se materializa o hace real lo universal. Es una relación dialéctica entre lo universal y lo particular, entre lo concreto y lo conceptual; y esta clase emergente al parecer no tiene claro que proviene también de una sedición que se ha convertido universal y no tiene claro lo particular, lo concreto y lo conceptual.
Desde la aparición de las clases sociales, la historia de la humanidad se ha venido desarrollando en forma espontánea. Las clases sociales luchan aún unas contra otras por sus intereses, sin tener conciencia del devenir histórico de esa lucha, al parecer es aceptable solo decir: aquí estoy, yo siempre he sido revolucionario, cuando el problema del cambio social, en su esencia, es no tener claro lo particular, lo concreto y lo conceptual de lo que realmente es socialismo. Vale la pena citar palabras del conocido Ché Guevara: “La Revolución no se lleva en los labios para vivir de ella, se lleva en el corazón para morir por ella”, “Nuestros ojos libres hoy son capaces de ver lo que ayer nuestra condición de esclavos coloniales nos impedía observar: esconde bajo su vistosa fachada un cuadro de hienas y chacales.”, reflexión que deben de tener presente aquellos que pretenden dirigir esta avanzada, aquellos que lamentablemente creen en ser lideres cuando están únicamente subsumidos a cargos políticos temporales.
Una revolución es el peldaño para avanzar a otra que a su vez se realizaba contra la nueva situación creada por la anterior, en cuanto está dejaba de representar los intereses de las nuevas clases que se desarrollaban con las revoluciones anteriores. Pero, como en el desarrollo de todo proceso crea a su vez las condiciones para su propia transformación, con la aparición del capitalismo, y del imperialismo como fase de su desarrollo, se generó la antitesis del desarrollo espontáneo de la historia, y se llegó a una etapa donde el desarrollo social sólo puede ser y ha sido consciente, lo que significa que la sociedad y las sociedades no solo en Venezuela sino en el mundo no cambiarán tan solo con discursos repetitivos sin fundamentos ideológicos realmente. Así lo demostró la Comuna en París, donde el pueblo puede tomar el poder por algunos días, pero no podrá mantenerlo sin esfuerzo largo y consciente de las fuerzas sociales que impulsan el cambio.
Es entonces claro que el requisito “sine quanon” para la transformación cualitativa, de la sociedad hacia la sociedad realmente viable y sustentable, es decir, hacia el socialismo, con una toma de conciencia por las clases sociales que conforman el pueblo, de la cual todos sin excepción pertenecemos y del que no podemos excluirnos por conveniencias particulares; de la verdad y misión histórica. Lo señalado implica, lo que decía Lenin: “No hay práctica revolucionaria sin teoría revolucionaria”, de aquí que fundamentar teóricamente la revolución es la más elevada práctica revolucionaria, y no pasar el tiempo luchando en defensa de territorios, evitando todo aquello que nos peda dejar mal parados y fingiendo que todos respaldan la estrategia colectiva, para mantener la apariencia de una lucha cohesiva. Preservando esta imagen, callando los desacuerdos, oprimiendo y cercenando las ideas del pueblo para evitar que las manifiesten públicamente.
27 de abril de 2008
EL CHE GUEVA Y EL HOMBRE NUEVO
El Che guevara y el “hombre nuevo”
Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo
Néstor Kohan:
El tema de hoy, que primero desarrollará Claudia y sobre el cual realizaremos luego el debate -como hacemos siempre-, continúa con lo que veníamos discutiendo según el proyecto de estudio inicial de la Cátedra. Habíamos dicho y hoy lo repetimos que no nos interesa hacer de esta Cátedra un "espectáculo". No nos interesa el marketing, aunque sea un marketing "de izquierda". Nos interesa emprender un estudio sistemático y prolongado sobre el pensamiento del Che.
Y entonces volvemos a discutir el tema del "hombre nuevo". Para darle otra vuelta de tuerca. Este es uno de los ejes principales del pensamiento del Che: la temática del humanismo, la temática de la construcción de una nueva subjetividad. Sin la construcción y la creación de una nueva subjetividad, toda revolución, a la larga, se detiene y muere. Esta idea central en el marxismo del Che no es tan conocida como debería serlo. Por eso queríamos profundizar en ella.
Claudia Korol:
Aunque de este tema ya hablamos en encuentros anteriores, nos parece interesante volver y tratar de conceptualizar algo que se repite cuando se habla del Che: el tema del hombre nuevo. Una de las cuestiones con las que se identifica la búsqueda del Che, tiene que ver con este concepto del hombre nuevo..
En el marxismo, así como en la vida del Che, hay dos temas especialmente relevantes: la relación teoría/práctica, (que también tiene que ver con esto del hombre nuevo), y el tema de la subjetividad en la lucha revolucionaria, el papel de los hombres y de las mujeres en la construcción de la historia.
Frente a las concepciones que enfatizaban la necesidad del desarrollo de las contradicciones objetivas como "factor" de motorización de la historia, el Che permanentemente acentuaba el papel de la subjetividad para que pueda haber efectivamente revolución, no sólo antes sino después del momento de conquista del poder por las fuerzas revolucionarias.
Por estas definiciones, fue sumamente criticado. Pero no solamente el Che, sino todas las corrientes revolucionarias de la década del sesenta, del setenta. La crítica provenía de las corrientes reformistas de entonces, que profesaban un determinismo marxista. Esta crítica fue retomada en los ochenta y noventa, por aquellas corrientes, e incluso por sectores que cansados o desencantados de la lucha revolucionaria, y como impacto de la derrota, renegaron de todos los aspectos del pensamiento guevarianos que promovían e incentivaban la acción, el papel de la voluntad, la intervención histórica.
A estas corrientes se las tildó de "voluntaristas", concepto que desdeñaba, precisamente el papel de la conciencia, de la organización de la rebeldía, de la subjetividad, del rol de los hombres y mujeres en la historia..
Nosotros leímos ya el texto del Che "El socialismo y el hombre el Cuba". Es un texto al que recomiendo volver una y otra vez, porque contiene muchos aportes creativos del pensamiento del Che.
Los escritos del Che no son textos acabados. Son escritos al calor de la historia revolucionaria –fundamentalmente en la etapa cubana-, tratando de interpretar la experiencia que va realizando. Él está haciendo teoría a partir de las prácticas colectivas que van realizando, y a partir de ahí analizando las teorías existentes sobre los temas –fundamentalmente de la transición al socialismo-, discutiendo con estas teorías. Analiza la experiencia de la Revolución cubana, trata de teorizar a partir de ella, polemiza con las miradas que sobre el socialismo había hasta ese momento y vuelve a discutirlas desde esa relación teoría/práctica con una actitud permanente de autocrítica.
Los escritos del Che, así como sus intervenciones públicas, son sumamente autocríticos. Yo los releía estos días y pensaba ¡qué interesante! No esperaron veinte años para descubrir los posibles errores. No. A los dos años, a los tres, a los cinco, estaban hablando públicamente de ellos. Decían en el 64, a cinco años de la revolución: "cometimos el pecado de la burocratización", y lo decían como manera de comenzar a corregirlos. Ponía los errores que creían que había cometido en el debate público, como elemento de educación y de formación, no de un grupo sino de todos los que estaban siendo parte de ese proceso, porque creía –precisamente- en el rol de esos hombres y esas mujeres en la construcción de esa sociedad. La discusión tan descarnada de los errores tiene que ver con la idea de ir aprendiendo a cada paso. De la concepción y la convicción que tenían que no podían encarar las tareas creadoras del socialismo, pretendiendo aprender las fórmulas de un manual que contuviera todas las recetas y las respuestas para los desafíos planteados. El Che, al mismo tiempo, criticó las tendencias al practicismo, que subestimaban la necesidad de estudio, de formación, de conocimiento de la teoría. Por ejemplo decía que: "Hay una cuestión que tenemos que entender, nosotros no podemos ser hijos de la práctica absoluta, hay una teoría; que nosotros tengamos algunas fallas, algunos motivos de discusión de algunos aspectos de la teoría, bueno, pues perfecto. Para poder hacer eso, hay que conocer, aunque sea un poquito de teoría".
En "El socialismo y el hombre en Cuba" el Che se refiere en varios párrafos al concepto de hombre nuevo. Allí sostiene que: "Para construir el comunismo, simultáneamente con la base material hay que hacer el hombre nuevo." Y subrayo: "para construir el comunismo". No dice "para construir el socialismo". El Che consideraba que la revolución cubana estaba construyeron la transición al socialismo, pero que desde el primer día debían luchar por el comunismo, para que se termine con la explotación, y también para que se termine con toda forma de alienación.
"Cumplimos apenas cinco años de revolución. No hemos cumplido todavía tres años de haber declarado su carácter socialista. Estamos en pleno período de transición, etapa previa de construcción para pasar al socialismo, y de ahí a la construcción del comunismo. Pero nosotros ya nos planteamos como objetivo la sociedad comunista." (discurso en la CTC, en la entrega de certificados de trabajo comunista, el 11 de enero de 1964).
Dijo también: "El socialismo económico, sin la moral comunista no me interesa. Luchamos contra la miseria, pero al mismo tiempo luchamos contra la alineación. (...) Si el comunismo descuida los hechos de conciencia puede ser un método de repartición, pero deja de ser una moral revolucionaria." (Entrevista con Jean Daniel. 25-7-1963)
Creo que esta cuestión del hombre nuevo es una búsqueda personal del Che, que atraviesa toda su existencia. Andando por el mundo, antes de ser el Che, él fue buscando la idea de cómo acercarse a los sectores más humildes. Primero decide ser médico, después decide ser médico revolucionario, después dice "para ser médico revolucionario hay que tener revolución, hay que entrar en revolución". Después, cuando es dirigente de la revolución cubana, trata de sistematizar esta experiencia y dice, hablando con médicos: "Entonces me di cuenta de una cosa fundamental: para ser médico revolucionario, o para ser revolucionario, lo primero que hay que tener es revolución. De nada sirve el esfuerzo aislado, el esfuerzo individual, la pureza de ideales, el afán de sacrificar toda una vida al más noble de los ideales si ese esfuerzo se hace solo, solitario, en algún rincón de América, luchando contra los gobiernos adversos y las condiciones sociales que no permiten avanzar. Para hacer revolución se necesita esto que hay en Cuba: que todo un pueblo se movilice y aprenda, con el uso de las armas y la unidad combatiente, lo que vale un arma y lo que vale la unidad del pueblo...". (19 de agosto de 1960. El médico revolucionario).
"La revolución no es, como pretenden algunos, estandarizadora de la voluntad colectiva, de la iniciativa colectiva, sino todo lo contrario es una liberadora de la capacidad individual del hombre".
Así dice el Che, y desde su propia experiencia vital reflexiona sobre la relación hombre- masa en el proceso revolucionario. Él analiza, a partir de su búsqueda, que no basta con ser un hombre solo, un individuo buscando solo resolver los problemas. Hay que estar en relación con un cambio social general. Pero ese cambio social, la revolución, no tiene que pretender estandarizar al hombre, sino liberar su capacidad individual. Y ahí vuelve al tema del hombre nuevo porque cuando habla de los trabajadores voluntarios, cuando habla de los jóvenes, cuando habla de los trabajadores de vanguardia, vuelve a insistir en lo que los sin tierra llaman "la pedagogía del ejemplo". El Che está investigando: ¿cómo se hace para que todo un pueblo, o una parte importante de ese pueblo, genere esos hombres y mujeres nuevos y nuevas? Ya deja de ser su búsqueda personal. Para que haya una conciencia nueva tiene que haber una multiplicación de miles de millares de hombres nuevos y de mujeres nuevas. ¿Y cómo se construye eso? ¿Alcanza con cambiar los planes de estudio? ¿Alcanza con que sepan tirar tiros? Incluso, ¿alcanza con que estén dispuestos a defender la Revolución?
Él reflexiona los distintos momentos de la revolución cubana, y analiza que cuando fue la invasión de Girón, a la par de la defensa heroica, creció muchísimo la producción. Pero dice él, ¿qué sucede cuando pasa ese momento? Él busca convertir esa actitud consciente en algo cotidiano. ¿Cómo hacer para que esto sea todos los días? ¿Cómo se multiplica, en una sociedad que está tratando de construir el socialismo, esa actitud individual, como parte de una actitud colectiva? Que no sea por coerción, ni porque va a tener mayor resarcimiento económico; sino simplemente por la alegría de ser parte de la construcción de una nueva sociedad. ¿Qué mecanismos de educación hay? ¿Es el Estado y la escuela?
En definitiva, empieza a poner eso en manos de los propios compañeros; y dice: es necesario obrar a partir del ejemplo de los que estén o estemos convencidos. Por eso él sale al trabajo voluntario, e impulsa para que salgan otros compañeros. No creo que lo hiciera pensando que con eso salvaba la producción de Cuba.
La pedagogía del ejemplo es lo que motiva también otras de sus acciones, como por ejemplo, cuando sale para Bolivia. Él analiza que los dos principales países que se consideran socialistas, la Unión Soviética y China, se están peleando, y con ello debilitan la lucha revolucionaria, lo que particularmente es grave para la lucha del pueblo vietnamita. ¿Qué hace falta? Hace falta dar el ejemplo y salir a la lucha. Hay que entrar en revolución. Por eso él parte a Bolivia a abrir un nuevo frente de combate. Otra vez, pone el cuerpo, y el ejemplo. Y su gesto se multiplica en muchos hombres y mujeres que a partir de allí dan un nuevo impulso a la lucha revolucionaria.
El Che intentó también, como dirigente de la Revolución Cubana, dar formas concretas a la batalla contra toda forma de alienación. En esa dirección promovió activamente, involucrándose como siempre personalmente en ese esfuerzo, el trabajo voluntario, al que concebía como la posibilidad de crear una nueva calidad de trabajo, un trabajo no enajenado, donde el hombre se reconozca en su creación, y no esté vendiendo su fuerza de trabajo como mercancía.
El Che explica en diferentes oportunidades que él no apela al trabajo voluntario solamente como un mecanismo para que se desarrolle más rápidamente la producción. No, dice, no es ése el objetivo principal, sino que queremos hacer una nueva experiencia donde hombres y mujeres trabajen por la conciencia de que están creando una nueva sociedad, sin esperar retribución de esto.
El Che dice: "Para que se desarrolle la primera (la conciencia), el trabajo debe adquirir una condición nueva; la mercancía hombre cesa de existir y se instala un sistema que otorga una cuota por el cumplimiento del deber social. Los medios de producción pertenecen a la sociedad y la máquina es sólo la trinchera donde se cumple el deber. El hombre comienza a liberar su pensamiento del hecho enojoso que suponía la necesidad de satisfacer sus necesidades animales mediante el trabajo, empieza a verse retratado en su obra y a comprender su magnitud humana a través del objeto creado, del trabajo realizado".
Creo que esta idea está presente en toda esa búsqueda que él hace en la construcción del socialismo, cómo encontrar una manera donde el hombre se reencuentre consigo mismo y donde el trabajo esté en función de ese reencuentro con su propia identidad y su propia creación.
Dice también en "El socialismo y el hombre en Cuba": "En este período de construcción del socialismo podemos ver el hombre nuevo que va naciendo". Y agrega: "Su imagen no está todavía acabada; no podría estarlo nunca ya que el proceso marcha paralelo a formas económicas nuevas, descontando a aquellos cuya falta de educación los hace tender al camino solitario, a la autosatisfacción de sus ambiciones; los hay que aún dentro de este panorama de marcha conjunta tienen tendencia a caminar aislados de la masa que acompañan; lo importante es que los hombres van adquiriendo cada día más conciencia de la necesidad de su incorporación a la sociedad y al mismo tiempo su importancia como motores de la misma." ... : "Ya no marchan completamente solos, por veredas extraviadas hacia lejanos anhelos, siguen a su vanguardia, constituida por el Partido, por los obreros de avanzada, por los hombres de avanzada que caminan ligados a las masas y en estrecha comunión con ellas. El camino es largo y lleno de dificultades; a veces, por extraviar la ruta hay que retroceder, otras por demasiada prisa, nos separamos de las masas; en ocasiones por hacerlo lentamente sentimos el aliento cercano de los que nos pisan los talones. En nuestra ambición de revolucionarios tratamos de caminar tan aprisa como sea posible, abriendo caminos pero sabemos que tenemos que nutrirnos de la masa y que ésta sólo podrá avanzar más rápido si la alentamos con nuestro ejemplo".
Acá quería reflexionar sobre este tema, por el que el Che fue tan criticado, por enfoques que planteaban que el Che no consideraba al movimiento de masas, sino que se basaba en sus estrategias en la acción voluntarista de pequeños grupos. En este texto se plantea con claridad el concepto de que existe un grupo de vanguardia, que está abriendo caminos, y tiene que estar constantemente en relación con el pueblo. Tanto la construcción del socialismo como la lucha por la creación y conquista de un nuevo poder, es una ida y vuelta permanente, entre vanguardia y pueblo. No está hablando de un grupo, de una patrulla perdida, ya sea en la selva, ya sea en la sociedad, que quiere construir el socialismo, porque remarca que en el momento en que la vanguardia se aleja del pueblo, pierde la posibilidad de avanzar en esta construcción. Pero al mismo tiempo, plantea la posibilidad de abrir caminos.
A partir de la derrota de las experiencias revolucionarias de los 70, muchos sectores renunciaron a esta posibilidad, o teorizaron en contra de las concepciones de vanguardia, identificándolas con vanguardismo. La necesidad de modificar los enfoques equivocados que pudieron practicarse en determinadas experiencias, no niegan la posibilidad y la realidad, de que sectores determinados de la sociedad van abriendo con sus prácticas y con las teorías que nacen de las mismas, nuevos caminos.
Esta es la experiencia histórica. Cuando los revolucionarios cubanos llegaron con el Granma a Cuba, estaban abriendo nuevos caminos y esto no significaba que tenían toda la claridad sobre cómo iban a hacerlo, incluso tenían ideas erróneas sobre lo que iba a suceder. Este es un tema para poner en discusión: la posibilidad y la pertinencia de que lo que el Che llama "hombres de vanguardia", nosotros podríamos tal vez llamar "hombres y mujeres que intentamos ser revolucionarios y revolucionarias", podamos pensar e intentar caminos que acorten la lucha del pueblo. No una cuestión de que queremos ir rápido porque somos acelerados, sino por ahorrar dolores de los sectores populares. Porque cada día que acá pasa sin respuestas, mueren más pibes de hambre, de enfermedades; hay más dolor, más miseria, más explotación, más alienación, más gente que queda sin trabajo. Entonces, acortar caminos no es una cuestión de locura, es una cuestión de necesidad. El que sufre y siente la necesidad, pone todo lo que tiene, sus ideas, sus acciones, para tratar de achicar esta distancia.
Esto también tiene que ver con otro elemento que el Che sistemáticamente plantea, por ejemplo, en las cartas de despedida a sus hijos, o cuando se dirige a los jóvenes comunistas en Cuba: el tema de la sensibilidad. Él dice: "sean siempre capaces de sentir en lo más hondo, cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo". Y en "El socialismo y el hombre en Cuba" afirma: "Déjeme decirlo, a riesgo de parecer ridículo que el revolucionario está guiado por grandes sentimientos de amor".
Si nosotros tenemos decisión de cambiar el mundo porque sentimos que es una necesidad y estamos permanentemente abiertos, como decía el Che, a sentir cualquier dolor en cualquier parte del mundo, no es cuestión de sentirlo y ponernos a llorar, es cuestión de sentirlo y ver cómo se ayuda en su transformación.
Un tema más que me interesaba plantear es la idea de integralidad de la formación del hombre nuevo. En un momento a él lo nombran Doctor Honoris causa en Pedagogía en la Universidad de la Habana. Cuando lo invitan a recibir ese título, él lo recibe bajo protesta porque dice "no podría aceptarlo a título individual, por la sencilla razón de que todo lo que no tenga un contenido que se adapte solamente a lo que quiere decir, no tiene valor en la Cuba nueva". Después agrega: "Hoy estamos trabajando con todo el esfuerzo por hacer de Cuba una Cuba distinta pero este profesor de pedagogía que está aquí no se engaña, sabe que de profesor de pedagogía tiene tanto como de Presidente del Banco Central y que si tiene que realizar una u otra tarea es porque las necesidades del pueblo se las demandan y eso no se hace sin sufrimiento, mismo para el pueblo, porque hay que aprender en cada caso, hay que trabajar aprendiendo, hay que hacer borrar al pueblo el error, porque uno está en un puesto nuevo y no es infalible y no nació sabiendo y como este profesor que está aquí fue un día médico y por imperio de las circunstancias tuvo que tomar el fusil y se graduó después de dos años como comandante guerrillero y se tendrá luego que graduar de presidente de banco o director de la industrialización del país o aun, quizás, de profesor de pedagogía, quiere este médico, comandante, presidente y profesor de pedagogía que se prepare la juventud estudiosa del país, para que cada uno en el futuro inmediato tome el puesto que le sea asignado y lo tome sin vacilaciones, sin necesidad de aprender por el camino. Pero también quiere este profesor que está aquí, hijo del pueblo, creado por el pueblo, que sea este mismo pueblo quien tenga derecho también a los beneficios de la enseñanza, que se rompan los muros de la enseñanza, que no sea la enseñanza simplemente el privilegio de los que tienen algún dinero para poder hacer que sus hijos estudien, que la enseñanza sea el pan de todos los días para el pueblo de Cuba."
Me parece que es interesante por esto: en la lucha revolucionaria, nos puede tocar hacer cualquier cosa. Y él lo hizo, mostró ejemplo; un tipo que se formó para una cosa y pudo hacer otra, no porque la sabía, y no trataba de engañar diciendo yo la sé, decía no, no sé, pero vamos a tratar de hacerlo lo mejor posible y vamos a tratar de ver juntos los errores para que puedan ser, en todo caso, discutidos y modificados. Además pone en discusión el tema, del saber, el tema de la formación y él que viene de la práctica, pide que el saber sea puesto en las manos de todo el pueblo. Eso lo hace en dos, tres, cuatro, cinco discursos seguidos en la universidad, donde discute con los universitarios este tema sistemáticamente. Cuando habla de la Reforma universitaria, cuando habla de las posibilidades de que la universidad se pinte de negro, de mulato, que se abran las puertas de la universidad; no solamente por el derecho de cualquier persona, que sería legítimo, al saber, sino por la necesidad de que para transformar la sociedad, para construir ese hombre nuevo hace falta que sea un hombre formado. Entonces, que la educación se pueda multiplicar como herramienta de liberación.
Así como decíamos que al trabajo hay que liberarlo, también hay que liberar a la educación para que a su vez pueda ser una herramienta de liberación. Para esto, es necesario modificar absolutamente la forma cómo venía siendo planteada en los marcos del capitalismo, como elemento de poder de un grupo sobre otro.
La búsqueda de la construcción de este hombre nuevo como motor de esa sociedad socialista y comunista a construir, requieren, entonces, de la vanguardia, del Partido, de la masa. Pero nunca se olvida, que esa masa, ese partido, esa vanguardia, se hace de hombres y mujeres concretos. Y a ellos les habla cuando les plantea las tareas revolucionarias y los desafíos: la pedagogía del ejemplo, la crítica y la autocrítica, la relación permanente teoría/práctica, y una actitud de sensibilidad, que no es sólo sufrir, sino transformar la realidad y no sólo ser sensible frente a lo inmediato sino a lo que le pueda pasar a cualquiera en cualquier parte del mundo.
En esta búsqueda, el Che se dirige en varias oportunidades, especialmente a la juventud. En El socialismo y el hombre en Cuba afirma: "La arcilla fundamental de nuestra obra es la juventud; en ella depositamos nuestra esperanza y la preparamos para tomar de nuestras manos la bandera"
Pero para ello, le demanda capacidad creativa, y rebeldía. Dice así: "A la Unión de Jóvenes Comunistas le ha faltado espíritu creador, Ha sido a través de su dirigencia demasiado dócil, demasiado respetuosa y poco decidida a plantearse problemas propios." Les está diciendo a los muchachos que no sean dóciles con ellos, que eran la dirección de la revolución, que tan disciplinados no ayuda, que tienen que ser más creadores, menos dóciles. Después dice: "Estamos convalecientes de este mal llamado sectarismo. ¿A qué condujo el sectarismo?. Condujo a la copia mecánica, a los análisis formales, a la separación entre la dirigencia y las masas, incluso en nuestra dirección nacional. El reflejo directo se produjo aquí, en la Unión de Jóvenes comunistas. Si nosotros no alcanzábamos a recibir la voz del pueblo, que es la voz más hábil y más orientadora, si no alcanzábamos a recibir las palpitaciones del pueblo para poder transformarlas en ideas concretas, en directivas precisas, mal podíamos dar esas directivas a la Unión de Jóvenes Comunistas.... Y como la dependencia era absoluta, como la docilidad era muy grande, la Unión de Jóvenes Comunistas andaba como un pequeño barquito al garete, dependiendo del gran barco de las ORI (organizaciones revolucionarias integradas) que también marchaba al garete."
Está cuestionando, en este caso en una organización, por un lado el sectarismo, y por otro, la docilidad que no ayudaba a que avance el proceso revolucionario.
En otro momento, en "El socialismo y el hombre el Cuba", me parece interesante, está hablando de la relación con el arte y está también en el tema de la búsqueda del tema del hombre nuevo, y dice:
"El socialismo es joven y tiene errores, los revolucionarios carecemos muchas veces de los conocimientos y de la audacia intelectual necesaria para encarar la tarea de un hombre nuevo por métodos distintos a los convencionales y los métodos convencionales sufren de la influencia de la sociedad que los creó. La desorientación es grande y los problemas de la construcción material nos absorben. No hay artistas de gran autoridad que a su vez tengan gran autoridad revolucionaria".
¿Por qué habla de los artistas acá? ¡Está buscando el tema de la creación!
En cualquier sociedad en transición aparecen estos debates: qué es una cultura revolucionaria, qué entendemos por contrahegemonía, y que tiene que ver eso con el arte. ¿Qué necesitamos formar?
¿Hombres disciplinados? ¿Esa es, por ejemplo, la mejor cualidad de un joven? ¿Ser disciplinado y cumplir las órdenes de una dirección que supuestamente sabe todo y le dice lo que tiene que hacer? ¿O tenemos que insistir desde todos los lugares en la necesidad de la creatividad y de la rebeldía como elementos en la constitución de esos hombres y esas mujeres nuevos y nuevas? Son temas que no están saldados. Que quedan planteados como desafíos para los procesos socialistas, pero también para nuestra acción actual, en las organizaciones revolucionarias, en la propia Universidad Popular de las Madres ¿Qué queremos formar? Son temas que hacen también a nuestras búsquedas actuales. ¿Qué significaría hoy pensar en hombres nuevos?
Otro aspecto no tan conocido de la experiencia revolucionaria cubana, que es muy interesante, es que cuando todavía el Ejército Rebelde está luchando en la Sierra Maestra, y empieza a instalarse, pasa la etapa más nómade, empieza a hacer pequeñas industrias, pequeñas fábricas, después ponen escuelas en esos territorios liberados. Entonces el Che dice: "Inmediatamente se iniciaron las obras de las pequeñas industrias en la Sierra Maestra, sucedió un cambio que nuestros antepasados habían visto hace muchos años: pasamos de la vida nómade a la vida sedentaria. Creamos centros de producción de acuerdo con nuestras necesidades más perentorias, así fundamos nuestra fábrica de zapatos, nuestra fábrica de armas, nuestro taller en que reconstruíamos las bombas que la tiranía nos arrojaba para devolvérselas a los propios soldados de Batista en forma de minas terrestres; los hombres y las mujeres del Ejército Rebelde no olvidaron nunca su misión fundamental en la Sierra Maestra ni en otros lugares que era la del mejoramiento del campesino, su incorporación a la lucha por la tierra y su contribución llevada a cabo por medio de escuelas, que los maestros improvisados tenían en los lugares más inasequibles de esa región de Oriente.".
Cuando releía esto, pensaba en la experiencia de los piqueteros, de los obreros que ocupan y hacen producir sus propias fábricas, y empiezan a ensayar elementos de una vida nueva donde no olvidan que su misión fundamental es el mejoramiento de la situación de sus compañeros, y para ello se plantean la incorporación a la lucha. Porque no se trata de resolverles las cosas, sino de buscar los caminos de incorporación de esos sectores a la lucha, como base para una lucha futura más definida. Estas experiencias recuerdan la marcha y la relación del Ejército Rebelde con su gente. Creo que las búsquedas que los compañeros están haciendo hoy, recuperando tierras, recuperando fábricas, construyendo proyectos, apuntan a la construcción de un sujeto que tiene que ser colectivo. Lo que no tenemos que confundir es esto con socialismo, y pensar que ahí ya está resuelto el tema del cambio social, y que entonces no hay que tomar el poder.
Esos espacios de creación de una nueva conciencia y de una nueva organización, permiten crear poder, acumular experiencias, y en algún momento tener las fuerzas para terminar con el poder opresor. En estas prácticas, hay semillas de construcción de una nueva subjetividad, de esa fuerza subjetiva necesaria para los cambios.
En esta perspectiva, la lucha contra el individualismo y la lucha por otro tipo de ser humano es una lucha de carácter internacional. Eso es lo que desarrolla en el "Mensaje a los Pueblos del mundo a través de la Tricontinental", y es lo que hace con su vida cuando se va a luchar en otros lugares, ya sea en el África, ya sea en Bolivia. Es decir, la posibilidad de entregar la vida en cualquier lugar del mundo, si fuera necesario, donde se esté luchando, donde se esté peleando contra las injusticias.
El Che sostuvo, con mucha energía, como un debate al interior de la revolución cubana y también en el debate sobre el socialismo, que la revolución se puede trabar si prevalece el sentimiento nacional por sobre las tareas internacionalistas. El dice que la revolución se puede burocratizar, puede perder energía, si pierde su carácter internacionalista.
A veces se discutió sobre por qué Cuba sigue en pie como proyecto socialista, después del derrumbe de los países del Este. Yo creo que Cuba sigue, porque entre otras muchas cosas se encarnó en esta revolución el carácter internacionalista, en miles hombres y mujeres concretos, que fueron a Angola, fueron a combatir en América Latina, e hicieron una experiencia de construcción de sí mismos como revolucionarios y revolucionarias.
En ese camino multiplicaron ese ejemplo del Che. Y hoy nosotros podemos decir: el Che no fue el único. El Che abrió un camino, pero hubo muchos compañeros que en nuestro país, en otros países de América Latina, en África, Asia, Europa, Estados Unidos, entendieron que su tarea era entregarse por completo a la lucha revolucionaria, abrir caminos, dar ejemplo, iniciar formas lo más creativas posibles, y pusieron también sus vidas en eso.
Muchas gracias. .
DOCUMENTO EXTRAIDO DEL SIGUIENTE LINK http://www.rebelion.org/argentina/che161002.htm
LOS CONTRAREVOLUCIONARIOS
¿Cómo identificamos a los contrarrevolucionarios? Antes que nada comprobemos las raíces políticas de ese elemento. Cuál ha sido su pasado más reciente. Si viene de la IV República y se pasó al chavismo, y ahora pregona el amor a la Revolución cuando antes condenaba el 4F. Pero también hay que examinar a quienes se auto proclaman revolucionarios de siempre.
La contrarrevolución es la gestión archienemiga de la revolución. Son polos opuestos, antagónicos, contrarios. Se repelen. El método de la contra-revolución se sustenta en la acción cupular, sostenedora de la estructura establecida por la democracia representativa. El agente de la contra-revolución no se detiene a aplicar los mandatos constitucionales para transferirle el poder al pueblo. Su objetivo es usufructuar el poder y así acaparar beneficios para sí mismo y para los suyos, dejando solo migajas, lo residual, lo insignificante, para el colectivo.
El agente contrarrevolucionario es portador de la cultura neoliberal capitalista. Consciente o inconscientemente asume la racionalidad del capital, basado en leyes de la acumulación y la maximización del beneficio, como la base de su gestión. Se acopla a la cultura social que engendran esas leyes, las cuales no buscan cambiar la estructura sino mantenerla. Que se conforme con los bienes materiales que recibe, por la vía del clientelismo, para satisfacer sus necesidades mínimas pero nunca capacitarlo para que asuma la dirección de la sociedad. Para que dirija la República.
El contra-revolucionario no quiere trabajar por el cambio del Estado. No quiere que el pueblo sea quien tenga el poder. El contrarrevolucionario es un oportunista. Defiende al Presidente por conveniencia. No sigue la predica de fomentar el poder popular, ni atender a los excluidos y desposeídos.
Ahora nosotros nos preguntamos, cuántos de los que hoy estamos dentro de una institución pública somos contrarrevolucionarios, quizás inconscientemente cuantos no estamos comprometidos en pensamiento y acción con los ideales socialista que se enmarcan en la formación de este proceso revolucionario. Las calles están llenas de personas comprometidas en cuerpo y alma con este proceso esperando solo una oportunidad de aportar grandes ideas para el crecimiento de este proceso, los que manejamos hoy en día un cargo dentro de la administración pública tenemos que ser ejemplo de un gran grado de conciencia y compromiso por el bienestar del colectivo antes que el beneficio propio. Es momentos de reflexionar y analizarnos internamente, y luego respondernos a nosotros mismo, como criticamos los errores de este proceso si nosotros que somos miembros de este gobierno nos quedamos de brazos cruzados y nos unimos a las críticas destructivas y no a las criticas constructivas que se necesitan para el bienestar de nuestro país.
26 de abril de 2008
EL SUEÑO ES DE TODOS
A los compañeros que creen en este proceso y no han aportado su grano de arena para la construcción de nuestro proyecto socialista, que dejen el escepticismo y comiencen aportar en la medida de lo que puedan.
Asimismo a los amigos que todavía no creen en este proceso de cambio, le hacemos un llamado para que realicen un recorrido por nuestra historia para que comprendan el ¿Por que? De nuestra lucha y que de una u otra manera recuerden que ustedes también se han beneficiado por las políticas revolucionarías.
En fin, para todos los compatriotas este es nuestro sueño: “LA CONSTRUCCION DE UN NUEVO PAIS” donde impere la igualdad, la solidaridad, el esfuerzo de transformar lo que se tenga que trasformar. En fin que nuestra bandera sea “EL HUMANISMO” y nuestro grito de guerra sea el de PATRIA, SOCIALISMO O MUERTE VENCEREMOS…….
“Es hora de construir las trincheras de ideas y no de piedras”
José Marti




