24 de junio de 2008

QUIENES SOMOS CONCIENCIA REVOLUCIONARIA

Para los revolucionarios auténticos, aquellos que sustentan su lucha con base en la conciencia revolucionaria y el bien común, la tarea es continuar construyendo la organización popular. Mantener la prédica diaria de inventar la ruta por donde transitar. Perseverar en hacer lo que ya tenía que estar hecho: solidificar la estructura ideológica del Proceso. Insistir en la tarea de difundir la metódica revolucionaria para alcanzar estadios superiores de prosperidad colectiva. Para ello, se requiere aceptar y procesar la alfabetización ideológica. Aspecto vital para alcanzar la conciencia revolucionaria. La alfabetización nos obliga al estudio, la lectura y la investigación. Y, ahora, debido a la vigencia todavía del sistema reformista que obstaculiza la consolidación de la Revolución Bolivariana, hay que aprender a pensar bajo los parámetros de un nuevo marco teórico conceptual. Para obtener la conciencia revolucionaria, se necesita procesar las ideas, enriquecer nuestro marco de referencia individual, aprender a relacionar lo que observamos, procesar el significado de los hechos sociales y emitir juicios con base en la ideología bolivariana. Es un compromiso revolucionario abrir un paréntesis en nuestra cotidianidad, para volver al sitio de enseñanza, a la biblioteca y a la palestra de la discusión. Analizar los acontecimientos, indagar los fenómenos, interpretar los hechos observables, pedir opiniones y confrontar posiciones. Hay que aprender a relacionar lo abstracto para producir lo simbólico y, como resultado de ello, elaborar conclusiones racionales. Así, va tomando forma el pensamiento revolucionario, propio de la nueva era que vive Venezuela y el mundo. Necesidad inmediata para crear la cultura de las generaciones del presente y del futuro.
La cultura reformista heredada, vigente en casi todos los niveles de la gestión del Estado, sigue siendo concebida como "usufructuaria" del poder.El aparato burocrático funciona con un alto porcentaje de elementos contrarios al modelo político emergente. La reforma, opuesta a la revolución, no sólo está viva en la práctica clientelar del burócrata, sino también en revolucionarios plásticos que son puntofijistas mimetizados, analfabetas políticos y usurpadores de la dignidad. Ideológicamente, esos coleados le han hecho un daño inmenso al Proceso. Lo han desvirtuado y han permitido la existencia de un patrón de opinión pública hacia la revolución, totalmente alterado. Pero, es reversible con talento y claridad en el pensamiento. A los adversarios revolucionarios, enemigos del Proceso, para apartarlos de los caminos que se construyen, hace falta el conocimiento procesado y la síntesis conceptual. Limpiar el Proceso, hacer justicia, resarcir daños intelectuales, son logros que se alcanzan con la conciencia revolucionaria. Obtener los niveles de crecimiento intelectual que exige la racionalidad del modelo bolivariano, nos va a permitir acoplar a las nuevas estructuras de la dirección de la sociedad, a los auténticos revolucionarios.
Si ayer la búsqueda revolucionaria se orientaba a la ruptura del sistema, ahora la acción está dirigida a enderezar y consolidar las metas del modelo revolucionario. No hay alternativa distinta. O se asume con propiedad ideológica el Proceso, o se desvanece la revolución. No hay elección diferente a la que exige la conciencia revolucionaria. Aunque el proceso se encuentra todavía en la fase de transición, la confrontación que se da entre el sistema de la democracia representativa (IV República) y el sistema de la revolución bolivariana (V República) demanda asumir los preceptos ideológicos revolucionarios con mayor nivel de rigurosidad. La ideología es el factor fundamental para activar los cambios estructurales que busca el proceso. El principio rector de estos cambios, como lo es el gobierno se transforma en instrumento del pueblo, solo se materializa si se es poseedor de la conciencia revolucionaria.

Por lo tanto, la dirección del Proceso, el liderazgo sobre la sociedad y la gerencia del Estado va a depender más de esa conciencia que la condición de burócrata. Las corrientes reformistas que aún tienen cuotas de poder dentro del Proceso se irán extinguiendo en la medida que se profundice la conciencia de la militancia. Los sectores contra-revolucionarios que aún toman decisiones dentro del Proceso no podrán marchar a la par del avance de la Revolución. Su marco de referencia para entender el mundo, concebir los cambios y generar nuevas relaciones entre los factores de la producción, les impedirá seguir al lado de la Revolución. Además, al transformarse el gobierno en instrumento del pueblo y activarse con conciencia revolucionaria el poder popular, esos infiltrados usufructuarios del poder, serán excluidos.
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Texto de W. Izarra



Quienes Somos Conciencia Revolucionaria

Camaradas, reciban un saludo de reflexión, muchos se extrañaran de recibir este correo, pero es un nuevo medio de lucha dentro de la revolución, el fin de este correo es fomentar un cambio de mentalidad, un cambio de método de vida, un cambio de actitud ante la vida.
Las personas que hoy escribimos bajo este seudónimo llamado Conciencia Revolucionaria estamos luchando por la consolidación de este proceso revolucionario, no el mal llamado proceso de robolución que se está implementando en algunas cúpulas de este proceso; que vemos con dolor como han afectado tanto la imagen de nuestro presidente como la esperanza de nuestro pueblo, y hablamos de nuestro pueblo porque es el que está sufriendo las carencias de estas fallas burocráticas que tanto destruyeron a nuestro país durante la cuarta república.
El fin este mensaje es despertar esa conciencia de nuestras bases las que están sentadas en este momento en un lugar de trabajo, o quizás en un kiosco comprando un periódico buscando una oportunidad laboral, o en el peor de los casos la conciencia de esas personas que están en su casa pensando que le van a decir a sus hijos cuando le pidan un bocado de comida y no tengan nada que darles de comer.
Este proceso bolivariano está dando apenas sus primeros pasos, pasos que se han visto obstruidos por la ambición de unos venezolanos que quieren regalar o mejor dicho vender nuestras riquezas. Los que hoy tienen la oportunidad de analizar el texto de la parte superior de W. Izarra pueden entender cuáles son las principales fallas que no han ayudado a que este proceso liderado por nuestro presidente pueda caminar y consolidarse en el proyecto del hombre nuevo, del nuevo país, de esa gran Colombia que tanto soñó nuestro libertador. Muchos dicen que nuestro peor enemigo es el imperio, los que aquí escribimos estas líneas no permitimos diferir de esta teoría ya que el principal enemigo de este proceso es la conciencia del individuo. Esa conciencia que piensa solo en el beneficio propio y no en el beneficio colectivo.

http://buscandoconciencia.blogspot.com/




17 de junio de 2008

Contra el burocratismo


Ernesto Che Guevara
Contra el burocratismo

Publicado por primera vez en el no. 18 de Cuba Socialista (feb. 1963).Texto digitalizado cortesí de la Biblioteca de Textos Marxistas.Recodificado para el MIA por Juan R. Fajardo, 1999.
Nuestra Revolución fue, en esencia, el producto de un movimiento guerrillero que inició la lucha armada contra la tiranía y la cristalizó en la toma del poder. Los primeros pasos como Estado Revolucionario, así como toda la primitiva época de nuestra gestión en el gobierno, estaban fuertemente teñidos de los elementos fundamentales de la táctica guerrillera como forma de administración estatal. El "guerrillerismo" repetía la experiencia de la lucha armada de las sierras y los campos de Cuba en las distintas organizaciones administrativas y de masas, y se traducía en que solamente las grandes consignas revolucionarias eran seguidas (y muchas veces interpretadas en distintas maneras) por los organismos de la administración y de la sociedad en general. La forma de resolver los problemas concretos estaba sujeta al libre arbitrio de cada uno de los dirigentes.
Por ocupar todo el complejo aparato de la sociedad, los campos de acción de las "guerrillas administrativas" chocaban entre sí, produciéndose continuos roces, órdenes y contraórdenes, distintas interpretaciones de las leyes, que llegaban, en algunos casos, a la réplica contra las mismas por parte de organismos que establecían sus propios dictados en forma de decretos, haciendo caso omiso del aparato central de dirección. Después de un año de dolorosas experiencias llegamos a la conclusión de que era imprescindible modificar totalmente nuestro estilo de trabajo y volver a organizar el aparato estatal de un modo racional, utilizando las técnicas de la planificación conocidas en los hermanos países socialistas.
Como contra medida, se empezaron a organizar los fuertes aparatos burocráticos que caracterizan esta primera época de construcción de nuestro Estado socialista, pero el bandazo fue demasiado grande y toda una serie de organismos, entre los que se incluye el Ministerio de Industrias, iniciaron una política de centralización operativa, frenando exageradamente la iniciativa de los administradores. Este concepto centralizador se explica por la escasez de cuadros medios y el espíritu anárquico anterior, lo que obligaba a un celo enorme en las exigencias de cumplimiento de las directivas. Paralelamente, la falta de aparatos de control adecuados hacía difícil la correcta localización a tiempo de las fallas administrativas, lo que amparaba el uso de la "libreta". De esta manera, los cuadros más conscientes y los más tímidos frenaban sus impulsos para atemperarlos a la marcha del lento engranaje de la administración, mientras otros campeaban todavía por sus respetos, sin sentirse obligados a acatar autoridad alguna, obligando a nuevas medidas de control que paralizaran su actividad. Así comienza a padecer nuestra Revolución el mal llamado burocratismo.
El burocratismo, evidentemente, no nace con la sociedad socialista ni es un componente obligado de ella. La burocracia estatal existía en la época de los regímenes burgueses con su cortejo de prebendas y de lacayismo, ya que a la sombra del presupuesto medraba un gran número de aprovechados que constituían la "corte" del político de turno. En una sociedad capitalista, donde todo el aparato del Estado está puesto al servicio de la burguesía, su importancia como órgano dirigente es muy pequeña y lo fundamental resulta hacerlo lo suficientemente permeable como para permitir el tránsito de los aprovechados y lo suficientemente hermético como para apresar en sus mallas al pueblo.
Dado el peso de los "pecados originales" yacentes en los antiguos aparatos administrativos y las situaciones creadas con posterioridad al triunfo de la Revolución, el mal del burocratismo comenzó a desarrollarse con fuerza. Si fuéramos a buscar sus raíces en el momento actual, agregaríamos a causas viejas nuevas motivaciones, encontrando tres razones fundamentales. Una de ellas es la falta de motor interno. Con esto queremos decir, la falta de interés del individuo por rendir su servicio al Estado y por superar una situación dada. Se basa en una falta de conciencia revolucionaria o, en todo caso, en el conformismo frente a lo que anda mal.
Se puede establecer una relación directa y obvia entre la falta de motor interno y la falta de interés por resolver los problemas. En este caso, ya sea que esta falla del motor ideológico se produzca por una carencia absoluta de convicción o por cierta dosis de desesperación frente a problemas repetidos que no se pueden resolver, el individuo, o grupo de individuos, se refugian en el burocratismo, llenan papeles, salvan su responsabilidad y establecen la defensa escrita para seguir vegetando o para defenderse de la irresponsabilidad de otros.
Otra causa es la falta de organización. Al pretender destruir el "guerrillerismo" sin tener la suficiente experiencia administrativa, se producen disloques, cuellos de botellas, que frenan innecesariamente el flujo de las informaciones de las bases y de las instrucciones u órdenes emanadas de los aparatos centrales. A veces éstas, o aquellas, toman rumbos extraviados y, otras, se traducen en indicaciones mal vertidas, disparatadas, que contribuyen más a la distorsión.
La falta de organización tiene como característica fundamental la falla en los métodos para encarar una situación dada. Ejemplos podemos ver en los Ministerios, cuando se quiere resolver problemas a otros niveles que el adecuado o cuando éstos se tratan por vías falsas y se pierden en el laberinto de los papeles. El burocratismo es la cadena del tipo de funcionario que quiere resolver de cualquier manera sus problemas, chocando una y otra vez contra el orden establecido, sin dar con la solución. Es frecuente observar cómo la única salida encontrada por un buen número de funcionarios es el solicitar más personal para realizar una tarea cuya fácil solución sólo exige un poco de lógica, creando nuevas causas para el papeleo innecesario.
No debemos nunca olvidar, para hacer una sana autocrítica, que la dirección económica de la Revolución es la responsable de la mayoría de los males burocráticos: los aparatos estatales no se desarrollaron mediante un plan único y con sus relaciones bien estudiadas, dejando amplio margen a la especulación sobre los métodos administrativos. El aparato central de la economía, la Junta Central de Planificación, no cumplió su tarea de conducción y no la podía cumplir, pues no tenía la autoridad suficiente sobre los organismos, estaba incapacitada para dar órdenes precisas en base a un sistema único y con el adecuado control y le faltaba imprescindible auxilio de un plan perspectivo. La centralización excesiva sin una organización perfecta frenó la acción espontánea sin el sustituto de la orden correcta y a tiempo. Un cúmulo de decisiones menores limitó la visión de los grandes problemas y la solución de todos ellos se estancó, sin orden ni concierto. Las decisiones de última hora, a la carrera y sin análisis, fueron la característica de nuestro trabajo.
La tercera causa, muy importante, es la falta de conocimientos técnicos suficientemente desarrollados como para poder tomar decisiones justas y en poco tiempo. Al no poder hacerlo, deben reunirse muchas experiencias de pequeño valor y tratar de extraer de allí una conclusión. Las discusiones suelen volverse interminables, sin que ninguno de los expositores tenga la autoridad suficiente como para imponer su criterio. Después de una, dos, unas cuantas reuniones, el problema sigue vigente hasta que se resuelva por sí solo o hay que tomar una resolución cualquiera, por mala que sea.
La falta casi total de conocimientos, suplida como dijimos antes por una larga serie de reuniones, configura el "reunionismo", que se traduce fundamentalmente en falta de perspectiva para resolver los problemas. En estos casos, el burocratismo, es decir, el freno de los papeles y de las indecisiones al desarrollo de la sociedad, es el destino de los organismos afectados.
Estas tres causas fundamentales influyen, una a una o en distintas conjugaciones, en menor o mayor proporción, en toda la vida institucional del país, y ha llegado el momento de romper con sus malignas influencias. Hay que tomar medidas concretas para agilizar los aparatos estatales, de tal manera que se establezca un rígido control central que permita tener en las manos de la dirección las claves de la economía y libere al máximo la iniciativa, desarrollando sobre bases lógicas las relaciones de las fuerzas productivas.
Si conocemos las causas y los efectos del burocratismo, podemos analizar exactamente las posibilidades de corregir el mal. De todas las causas fundamentales, podemos considerar a la organización como nuestro problema central y encararla con todo el rigor necesario. Para ello debemos modificar nuestro estilo de trabajo; jerarquizar los problemas adjudicando a cada organismo y cada nivel de decisión su tarea; establecer las relaciones concretas entre cada uno de ellos y los demás, desde el centro de decisión económica hasta la última unidad administrativa y las relaciones entre sus distintos componentes, horizontalmente, hasta formar el conjunto de las relaciones de la economía. Esa es la tarea más asequible a nuestras fuerzas actualmente, y nos permitirá, como ventaja adicional encaminar hacia otros frentes a una gran cantidad de empleados innecesarios, que no trabajan, realizan funciones mínimas o duplican las de otros sin resultado alguno.
Simultáneamente, debemos desarrollar con empeño un trabajo político para liquidar las faltas de motivaciones internas, es decir, la falta de claridad política, que se traduce en una falta de ejecutividad. Los caminos son: la educación continuada mediante la explicación concreta de las tareas, mediante la inculcación del interés a los empleados administrativos por su trabajo concreto, mediante el ejemplo de los trabajadores de vanguardia, por una parte, y las medidas drásticas de eliminar al parásito, ya sea el que esconde en su actitud una enemistad profunda hacia la sociedad socialista o al que está irremediablemente reñido con el trabajo.
Por último, debemos corregir la inferioridad que significa la falta de conocimientos. Hemos iniciado la gigantesca tarea de transformar la sociedad de una punta a la otra en medio de la agresión imperialista, de un bloqueo cada vez más fuerte, de un cambio completo en nuestra tecnología, de agudas escaseces de materias primas y artículos alimenticios y de una fuga en masa de los pocos técnicos calificados que tenemos. En esas condiciones debemos plantearnos un trabajo muy serio y muy perseverante con las masas, para suplir los vacíos que dejan los traidores y las necesidades de fuerza de trabajo calificada que se producen por el ritmo veloz impuesto a nuestro desarrollo. De allí que la capacitación ocupe un lugar preferente en todos los planes del Gobierno Revolucionario.
La capacitación de los trabajadores activos se inicia en los centros de trabajo al primer nivel educacional: la eliminación de algunos restos de analfabetismo que quedan en los lugares más apartados, los cursos de seguimiento, después, los de superación obrera para aquellos que hayan alcanzado tercer grado, los cursos de Mínimo Técnico para los obreros de más alto nivel, los de extensión para ser subingenieros a los obreros calificados, los cursos universitarios para todo tipo de profesional y, también, los administrativos. La intención del Gobierno Revolucionario es convertir nuestro país en una gran escuela, donde el estudio y el éxito de los estudios sean uno de los factores fundamentales para el mejoramiento de la condición del individuo, tanto económicamente como en su ubicación moral dentro de la sociedad, de acuerdo con sus calidades.
Si nosotros logramos desentrañar, bajo la maraña de los papeles, las intrincada relaciones entre los organismos y entre secciones de organismos, la duplicación de funciones y los frecuentes "baches" en que caen nuestras instituciones, encontramos las raíces del problema y elaboramos normas de organización, primero elementales, más completas luego, damos la batalla frontal a los displicentes, a los confusos y a los vagos, reeducamos y educamos a esta masa, la incorporamos a la Revolución y eliminamos lo desechable y al mismo tiempo, continuamos sin desmayar, cualesquiera que sean los inconvenientes confrontados, una gran tarea de educación a todos los niveles, estaremos en condiciones de liquidar en poco tiempo el burocratismo.
La experiencia de la última movilización es la que nos ha motivado a tener discusiones en el Ministerio de Industrias para analizar el fenómeno de que, en medio de ella, cuando todo el país ponía en tensión sus fuerzas para resistir el embate enemigo, la producción industrial no caía, el ausentismo desaparecía, los problemas se resolvían con una insospechada velocidad. Analizando esto, llegamos a la conclusión de que convergieron varios factores que destruyeron las causas fundamentales del burocratismo; había un gran impulso patriótico y nacional de resistir al imperialismo que abarcó a la inmensa mayoría del pueblo de Cuba, y cada trabajador, a su nivel, se convirtió en un soldado de la economía dispuesto a resolver cualquier problema.
El motor ideológico se lograba de esta manera por el estímulo de la agresión extranjera. Las normas organizativas se reducían a señalar estrictamente lo que no se podía hacer y el problema fundamental que debiera resolverse; mantener la producción por sobre todas las cosas, mantener determinadas producciones con mayor énfasis aún, y desligar a las empresas, fábricas y organismos de todo el resto de las funciones aleatorias, pero necesarias en un proceso social normal.
La responsabilidad especial que tenía cada individuo lo obligaba a tomar decisiones rápidas; estábamos frente a una situación de emergencia nacional, y había que tomarlas fueran acertadas o equivocadas; había que tomarlas, y rápido; así se hizo en muchos casos.
No hemos efectuado el balance de la movilización todavía, y, evidentemente, ese balance en términos financieros no puede ser positivo, pero sí lo fue en términos de movilización ideológica, en la profundización de la conciencia de las masas. ¿Cuál es la enseñanza? Que debemos hacer carne en nuestros trabajos.
Ernesto --


Conciencia Revolucionaria

14 de junio de 2008

HASTA SIEMPRE COMANDANTE

Revolucionario y líder político latinoamericano, cuya negativa a adherirse tanto al capitalismo como al comunismo ortodoxo le convirtió en un héroe de los nuevos grupos izquierdistas que surgieron en la década de 1960.Nació el 14 de Junio de 1928 en Rosario, provincia de Santa Fé (Argentina) y obtuvo el Doctorado en Medicina por la Universidad de Buenos Aires en 1953. Convencido de que la revolución era la única solución posible para acabar con las injusticias sociales existentes en Latinoamérica, en 1954 marchó a México, donde se unió al Movimiento 26 de Julio, grupo integrado por revolucionarios cubanos exiliados a las órdenes de Fidel Castro. A finales de la década de 1950, jugó un importante papel en la lucha de guerrillas iniciada por Castro contra el dictador cubano Fulgencio Batista.Desapareció de Cuba en 1965, reapareciendo al año siguiente en Bolivia, como líder de los campesinos y mineros bolivianos contrarios al gobierno militar. Fue capturado por la CIA y el Ejército boliviano y fusilado cerca de Vallegrande el 9 de octubre de 1967.


Frases celebres de Ernesto Che Guevara:


1. "Prefiero morir de pie, a vivir arrodillado."

2. "Seamos realistas y hagamos lo imposible."

3. "Podrán morir las personas, pero jamás sus ideas."

4. "Recuerden que el eslabón más alto que pude alcanzar la especie humana es ser revolucionario."

5. "Todos los días la gente se arregla el cabello, ¿por qué no el corazón?."

6. "La revolución es algo que se lleva en el alma, no en la boca para vivir de ella."

7. "Si el presente es de lucha, el futuro es nuestro."

8. "Sean capaces siempre de sentir, en lo más hondo, cualquier injusticia realizada contra cualquiera, en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda del revolucionario."