29 de julio de 2008

EL SOCIALISMO REACCIONARIO. SEGUN MARX Y ENGELS


EL SOCIALISMO FEUDAL


Las aristocracias inglesa y francesa estaban llamadas, por su posición social, a escribir panfletos contra la moderna sociedad burguesa. En la Revolución francesa de julio de 1830 y en el movimiento reformista inglés, hubo de sucumbir una vez más ante el odiado advenedizo. A partir de ahí, toda lucha política seria quedaba muy fuera de sus posibilidades. No le quedaba otro recurso que el de la lucha con la pluma. Pero la vieja retórica de la época de la restauración había perdido toda vigencia, incluso en el campo de la literatura. Para despertar simpatías tuvo que olvidar, al menos en apariencia, sus intereses y formular su acta de acusación contra la burguesía únicamente en interés de la clase obrera explotada. De este modo, se daba la satisfacción de entonar coplas libeláticas contra su nuevo dominador y susurrarle al oído profecías más o menos funestas. Así surgió el socialismo feudal, mitad lamento fúnebre, mitad pasquín; mitad resonancia del pasado y mitad amenaza del futuro, capaz a veces de herir en lo más vivo a la burguesía con juicios cáusticos y cortantes por su agudeza, pero dando siempre una imagen ridícula por su incapacidad total para comprender la marcha de la historia moderna. Para atraer al pueblo y ponerse a su cabeza, agitaba como bandera el saco de mendigo del proletariado; pero cada vez que el pueblo le seguía acababa por ver en su trasero los viejos blasones feudales y se dispersaba entre carcajadas tan sonoras como irreverentes. Una parte de los legitimistas franceses y la Joven Inglaterra han desempeñado este papel como autores consumados. En su afán de demostrar que su modo de explotación era de otra naturaleza que el de la burguesa, estos señores feudales olvidan que ellos explotaban en circunstancias y bajo condiciones totalmente diferentes, hoy ya caducadas. Y, al poner de manifiesto que bajo su dominación no existía el proletariado moderno, olvidan que la burguesía moderna es precisamente el vástago que su régimen feudal había de engendrar necesariamente. Por lo demás, la ocultación de su carácter reaccionario es mínima ya que su acusación fundamental contra la burguesía consiste en reprocharle que, bajo su régimen, se desarrolla una clase que hará saltar en pedazos toda la vieja sociedad. Lo que le reprochan no es tanto el engendrar un proletariado como el engendrar un proletariado revolucionario. De aquí que en su praxis política compartan todas las medidas de fuerza contra la clase obrera y en la vida cotidiana, pese a toda su ampulosa retórica, se avengan a recolectar las manzanas de oro y a trocar la fidelidad, el amor y el honor por el sucio tráfico en lana de oveja, remolacha y aguardiente.
Al igual que el cura de misa y olla iba siempre del bracete del señor feudal, el socialismo clerical va también de la mano del socialismo feudal. Nada resulta más fácil que dar un barniz socialista al ascetismo cristiano. ¿No lanzó el cristianismo sus invectivas airadas contra la propiedad privada, el matrimonio y el Estado? ¿Acaso no predicó en substitución de todo ello la caridad, la limosna, el celibato y la mortificación de la carne, el monacato y la iglesia. El socialismo cristiano no es otra cosa que el agua bendita con que la clerigalla bendice el enojo de la aristocracia.
b) El socialismo pequeño burgués
La aristocracia feudal no es la única clase derrocada por la burguesía ni la única que hubo de ver cómo sus condiciones de vida se consumían y extinguían en la moderna sociedad burguesa.
Los villanos medievales y la clase de los pequeños campesinos fueron los precursores de la moderna burguesía. En aquellos países de menor desarrollo industrial y comercial, estas clases siguen vegetando al lado de la ascendente burguesía. En los países con una civilización moderna desarrollada, se ha ido constituyendo una nueva capa pequeño-burguesa que flota entre la burguesía y el proletariado y que se recompone una y otra vez como grupo complementario de la sociedad burguesa, pero cuyos miembros se ven arrojados continuamente a las filas del proletariado por la competencia económica. Esta pequeña burguesía ve incluso cómo, con el desarrollo de la gran industria, se aproxima el momento en que desaparecerá como sector independiente de la sociedad moderna al ser substituida en el comercio, la producción manufacturera y la agricultura por capataces y domésticos.
En países como Francia, en los que la clase campesina constituye más de la mitad de la población, nada tiene de extraño que algunos escritores, al sostener la causa del proletariado contra la burguesía, tomasen como base de su crítica del régimen burgués criterios pequeño-burgueses o propios del pequeño campesinado. Tomaron partido en favor del proletariado, pero con un enfoque pequeño-burgués. Fue así como surgió el socialismo pequeño-burgués. El representante más relevante de su literatura es Sismondi y ello tanto para Francia como para Inglaterra. Este socialismo analiza con extrema agudeza las contradicciones de las modernas relaciones de producción quitándoles la máscara de retoques cosméticos con que los economistas las disimulaban. Puso al descubierto de forma irrefutable la acción destructora de la maquinaria y la división del trabajo, la concentración de capitales y tierras, la superproducción y las crisis, el forzoso hundimiento de la pequeña burguesía y el campesinado, la miseria del proletariado, las clamorosas desigualdades en la distribución de la riqueza, la aniquiladora guerra industrial entre las diferentes naciones, la disolución de las viejas costumbres, de las viejas relaciones familiares y de las viejas nacionalidades.
Pero en cuanto a su contenido concreto, lo que este socialismo propone es volver a reconstruir los medios de producción y cambio anteriores y, con ello, las viejas relaciones de propiedad y la vieja sociedad o bien ensamblar de nuevo, por la fuerza, los modernos medios de producción y cambio en el marco de las viejas relaciones de producción, marco-que aquéllos habían hecho saltar como forzosamente debía ocurrir. Tanto en un caso como en otro, su carácter es reaccionario y utópico al mismo tiempo. Organización gremial de las manufacturas y economía patriarcal en la agricultura. Eso es lo que proclaman en última instancia. En su desarrollo ulterior, esta tendencia se ha refugiado cobardemente en un estado de modorra quejumbrosa.
c) El socialismo alemán o «verdadero»
La literatura socialista y comunista francesa, surgida bajo la presión de la burguesía dominante y expresión literaria de la lucha contra esa dominación, penetró en Alemania en una época en que la burguesía acababa de iniciar su lucha contra el absolutismo feudal. Filósofos, semifilósofos y espíritus estetizantes de Alemania se lanzaron con avidez sobre esta literatura olvidándose tan sólo de que, si bien aquellos escritos cruzaban las fronteras alemanas provenientes de Francia, ello no significaba que también las cruzasen simultáneamente las condiciones de vida de este país. Frente a las condiciones dadas en Alemania, esta literatura perdía toda significación práctica inmediata, adoptando un aspecto enteramente literario. Tenía que aparecer forzosamente como especulaciones ociosas acerca de la realización de la esencia humana. El sentido que las exigencias de la primera revolución francesa podían tener para los filósofos alemanes del siglo XVIII era el de ser exigencias de la «Razón Práctica» en general, y las decisiones revolucionarias de la burguesía francesa representaban a sus ojos las leyes de la voluntad pura, de la voluntad ideal, de la voluntad auténticamente humana. El trabajo de los escritores alemanes se redujo exclusivamente a armonizar las nuevas ideas francesas con su anticuada conciencia filosófica o, mejor dicho, a asimilar esas ideas francesas desde el punto de vista filosófico. Esa asimilación se efectuó del misma modo como se efectúa el aprendizaje de una lengua extranjera, mediante la traducción. Es bien sabido que los monjes recubrieron muchos manuscritos, plasmación de las obras clásicas del paganismo, con insípidas vidas de santos de la Iglesia Católica. Los literatos alemanes procedieron a la inversa respecto a la literatura profana francesa. Lo que hicieron fue escribir, tras el texto original francés, sus absurdos filosóficos. Así por ejemplo, tras la critica francesa a las relaciones dinerarias, ellos escribieron: «Alienación de la esencia del ser humano». Tras la crítica francesa al Estado burgués escribieron: «Supresión de la dominación de la universalidad abstracta», etc. A la intromisión chapucera de esa retórica filosófica tras las evoluciones del pensamiento francés se la bautizó con el nombre de «Filosofía de la acción», «Socialismo verdadero», «Ciencia alemana del Socialismo» o «Fundamentación filosófica del Socialismo». La literatura social-comunista francesa quedó así literalmente castrada. Y como quiera que en las manos de los alemanes dejó de ser la expresión de la lucha de una clase contra las otras, el alemán adquirió conciencia de haber superado la «unilateralidad francesa» y de defender, en lugar de necesidades reales, la necesidad de la verdad y, en lugar de las intereses del proletariado, los intereses del ser humano, del hombre en sí, del hombre que no pertenece a una clase ni pertenece en absoluto a la realidad, sino tan sólo al cielo nebuloso de la fantasía filosófica. Este socialismo alemán, que tan en serio y con tal solemnidad tomaba sus torpes ejercicios escolares hasta el punto de propalarlos a los cuatro vientos al toque de trompetas, fue perdiendo, no obstante, su ingenua pedantería. La lucha de la burguesía alemana, en concreto de la burguesía prusiana, contra los feudales y la monarquía absoluta, es decir, el movimiento liberal, tomo un cariz más serio. Al socialismo «verdadero» se le presentó así la deseada ocasión para contraponer a este movimiento político sus exigencias socialistas, fulminar los consabidos anatemas contra el liberalismo, contra el Estado representativo, contra la libre competencia burguesa, contra la libertad de prensa burguesa y contra el derecho, la libertad y la igualdad burguesas, predicando a las masas populares que con este movimiento burgués nada podía ganar y sí, más bien, perderlo todo. El socialismo alemán olvidaba oportunamente que la critica francesa, de la que él no era más que un eco sin vida, presuponía la sociedad burguesa moderna con sus correspondientes condiciones materiales de vida y la constitución política a ellas adecuada, presupuestos que en Alemania estaban aún por conquistar.
A los gobiernos absolutistas alemanes con todo su cortejo de curas, maestros de escuela, aristócratas del terruño y burócratas, les sirvió como el espantapájaros que necesitaban para atemorizar a una burguesía que avanzaba amenazadora. Constituía el trago reconfortante que esos mismos gobiernos daban a los obreros después de la implacable ración de latigazos y descargas de fusil como pago por sus revueltas.
Si bien el socialismo verdadero constituía, bajo este aspecto, un arma en manos de los gobiernos contra la burguesía alemana, al mismo tiempo representaba de modo inmediato intereses reaccionarios, los intereses de la baja burguesía. Proveniente del siglo XVI y resurgida una y otra vez bajo formas muy diversas, esta pequeña burguesía constituye la autentica base social del orden vigente. Mantenerla equivale a mantener el estado de cosas actual en Alemania. La dominación industrial y política de la burguesía le inspira el temor de su segura desaparición, debida por una parte a la concentración del capital y, por otra, al surgimiento de un proletariado revolucionario. El socialismo verdadero le pareció el modo de matar los dos pájaros de un tiro y se extendió entre ella como una epidemia. El ropaje tejido con las telarañas de la especulación, bordado con exquisitas flores retóricas y empapado del sentimentalismo de la embriaguez amorosa, ropaje ampuloso en que los socialistas alemanes envolvían sus escuálidas verdades eternas, contribuyó a aumentar entre ese público la venta de su mercancía. El socialismo alemán, por su parte, se identificó crecientemente con este papel de fatuo representante de esta burguesía filistea. Proclamó que la nación alemana era la nación modélica y el pequeño burgués filisteo alemán, el hombre ejemplar. Detrás de cada una de las bajezas de este tipo humano venia a descubrir un sentido socialista oculto y sublime que le hacía significar lo contrario. Consecuente hasta el final, se alzó para enfrentarse a la tendencia «burdamente destructiva» del comunismo y anunció su egregia imparcialidad por encima de toda lucha de clases. Salvo muy raras excepciones, todo cuanto en Alemania circula en calidad de publicaciones pretendidamente socialistas o comunistas pertenece a este tipo de literatura vil y enervante.

1. EL SOCIALISMO REACCIONARIO
El socialismo feudal
Las aristocracias inglesa y francesa estaban llamadas, por su posición social, a escribir panfletos contra la moderna sociedad burguesa. En la Revolución francesa de julio de 1830 y en el movimiento reformista inglés, hubo de sucumbir una vez más ante el odiado advenedizo. A partir de ahí, toda lucha política seria quedaba muy fuera de sus posibilidades. No le quedaba otro recurso que el de la lucha con la pluma. Pero la vieja retórica de la época de la restauración había perdido toda vigencia, incluso en el campo de la literatura. Para despertar simpatías tuvo que olvidar, al menos en apariencia, sus intereses y formular su acta de acusación contra la burguesía únicamente en interés de la clase obrera explotada. De este modo, se daba la satisfacción de entonar coplas libeláticas contra su nuevo dominador y susurrarle al oído profecías más o menos funestas. Así surgió el socialismo feudal, mitad lamento fúnebre, mitad pasquín; mitad resonancia del pasado y mitad amenaza del futuro, capaz a veces de herir en lo más vivo a la burguesía con juicios cáusticos y cortantes por su agudeza, pero dando siempre una imagen ridícula por su incapacidad total para comprender la marcha de la historia moderna. Para atraer al pueblo y ponerse a su cabeza, agitaba como bandera el saco de mendigo del proletariado; pero cada vez que el pueblo le seguía acababa por ver en su trasero los viejos blasones feudales y se dispersaba entre carcajadas tan sonoras como irreverentes. Una parte de los legitimistas franceses y la Joven Inglaterra han desempeñado este papel como autores consumados. En su afán de demostrar que su modo de explotación era de otra naturaleza que el de la burguesa, estos señores feudales olvidan que ellos explotaban en circunstancias y bajo condiciones totalmente diferentes, hoy ya caducadas. Y, al poner de manifiesto que bajo su dominación no existía el proletariado moderno, olvidan que la burguesía moderna es precisamente el vástago que su régimen feudal había de engendrar necesariamente. Por lo demás, la ocultación de su carácter reaccionario es mínima ya que su acusación fundamental contra la burguesía consiste en reprocharle que, bajo su régimen, se desarrolla una clase que hará saltar en pedazos toda la vieja sociedad. Lo que le reprochan no es tanto el engendrar un proletariado como el engendrar un proletariado revolucionario. De aquí que en su praxis política compartan todas las medidas de fuerza contra la clase obrera y en la vida cotidiana, pese a toda su ampulosa retórica, se avengan a recolectar las manzanas de oro y a trocar la fidelidad, el amor y el honor por el sucio tráfico en lana de oveja, remolacha y aguardiente.
Al igual que el cura de misa y olla iba siempre del bracete del señor feudal, el socialismo clerical va también de la mano del socialismo feudal. Nada resulta más fácil que dar un barniz socialista al ascetismo cristiano. ¿No lanzó el cristianismo sus invectivas airadas contra la propiedad privada, el matrimonio y el Estado? ¿Acaso no predicó en substitución de todo ello la caridad, la limosna, el celibato y la mortificación de la carne, el monacato y la iglesia. El socialismo cristiano no es otra cosa que el agua bendita con que la clerigalla bendice el enojo de la aristocracia.
b) El socialismo pequeño burgués
La aristocracia feudal no es la única clase derrocada por la burguesía ni la única que hubo de ver cómo sus condiciones de vida se consumían y extinguían en la moderna sociedad burguesa.
Los villanos medievales y la clase de los pequeños campesinos fueron los precursores de la moderna burguesía. En aquellos países de menor desarrollo industrial y comercial, estas clases siguen vegetando al lado de la ascendente burguesía. En los países con una civilización moderna desarrollada, se ha ido constituyendo una nueva capa pequeño-burguesa que flota entre la burguesía y el proletariado y que se recompone una y otra vez como grupo complementario de la sociedad burguesa, pero cuyos miembros se ven arrojados continuamente a las filas del proletariado por la competencia económica. Esta pequeña burguesía ve incluso cómo, con el desarrollo de la gran industria, se aproxima el momento en que desaparecerá como sector independiente de la sociedad moderna al ser substituida en el comercio, la producción manufacturera y la agricultura por capataces y domésticos.
En países como Francia, en los que la clase campesina constituye más de la mitad de la población, nada tiene de extraño que algunos escritores, al sostener la causa del proletariado contra la burguesía, tomasen como base de su crítica del régimen burgués criterios pequeño-burgueses o propios del pequeño campesinado. Tomaron partido en favor del proletariado, pero con un enfoque pequeño-burgués. Fue así como surgió el socialismo pequeño-burgués. El representante más relevante de su literatura es Sismondi y ello tanto para Francia como para Inglaterra. Este socialismo analiza con extrema agudeza las contradicciones de las modernas relaciones de producción quitándoles la máscara de retoques cosméticos con que los economistas las disimulaban. Puso al descubierto de forma irrefutable la acción destructora de la maquinaria y la división del trabajo, la concentración de capitales y tierras, la superproducción y las crisis, el forzoso hundimiento de la pequeña burguesía y el campesinado, la miseria del proletariado, las clamorosas desigualdades en la distribución de la riqueza, la aniquiladora guerra industrial entre las diferentes naciones, la disolución de las viejas costumbres, de las viejas relaciones familiares y de las viejas nacionalidades.
Pero en cuanto a su contenido concreto, lo que este socialismo propone es volver a reconstruir los medios de producción y cambio anteriores y, con ello, las viejas relaciones de propiedad y la vieja sociedad o bien ensamblar de nuevo, por la fuerza, los modernos medios de producción y cambio en el marco de las viejas relaciones de producción, marco-que aquéllos habían hecho saltar como forzosamente debía ocurrir. Tanto en un caso como en otro, su carácter es reaccionario y utópico al mismo tiempo. Organización gremial de las manufacturas y economía patriarcal en la agricultura. Eso es lo que proclaman en última instancia. En su desarrollo ulterior, esta tendencia se ha refugiado cobardemente en un estado de modorra quejumbrosa.
c) El socialismo alemán o «verdadero»
La literatura socialista y comunista francesa, surgida bajo la presión de la burguesía dominante y expresión literaria de la lucha contra esa dominación, penetró en Alemania en una época en que la burguesía acababa de iniciar su lucha contra el absolutismo feudal. Filósofos, semifilósofos y espíritus estetizantes de Alemania se lanzaron con avidez sobre esta literatura olvidándose tan sólo de que, si bien aquellos escritos cruzaban las fronteras alemanas provenientes de Francia, ello no significaba que también las cruzasen simultáneamente las condiciones de vida de este país. Frente a las condiciones dadas en Alemania, esta literatura perdía toda significación práctica inmediata, adoptando un aspecto enteramente literario. Tenía que aparecer forzosamente como especulaciones ociosas acerca de la realización de la esencia humana. El sentido que las exigencias de la primera revolución francesa podían tener para los filósofos alemanes del siglo XVIII era el de ser exigencias de la «Razón Práctica» en general, y las decisiones revolucionarias de la burguesía francesa representaban a sus ojos las leyes de la voluntad pura, de la voluntad ideal, de la voluntad auténticamente humana. El trabajo de los escritores alemanes se redujo exclusivamente a armonizar las nuevas ideas francesas con su anticuada conciencia filosófica o, mejor dicho, a asimilar esas ideas francesas desde el punto de vista filosófico. Esa asimilación se efectuó del misma modo como se efectúa el aprendizaje de una lengua extranjera, mediante la traducción. Es bien sabido que los monjes recubrieron muchos manuscritos, plasmación de las obras clásicas del paganismo, con insípidas vidas de santos de la Iglesia Católica. Los literatos alemanes procedieron a la inversa respecto a la literatura profana francesa. Lo que hicieron fue escribir, tras el texto original francés, sus absurdos filosóficos. Así por ejemplo, tras la critica francesa a las relaciones dinerarias, ellos escribieron: «Alienación de la esencia del ser humano». Tras la crítica francesa al Estado burgués escribieron: «Supresión de la dominación de la universalidad abstracta», etc. A la intromisión chapucera de esa retórica filosófica tras las evoluciones del pensamiento francés se la bautizó con el nombre de «Filosofía de la acción», «Socialismo verdadero», «Ciencia alemana del Socialismo» o «Fundamentación filosófica del Socialismo». La literatura social-comunista francesa quedó así literalmente castrada. Y como quiera que en las manos de los alemanes dejó de ser la expresión de la lucha de una clase contra las otras, el alemán adquirió conciencia de haber superado la «unilateralidad francesa» y de defender, en lugar de necesidades reales, la necesidad de la verdad y, en lugar de las intereses del proletariado, los intereses del ser humano, del hombre en sí, del hombre que no pertenece a una clase ni pertenece en absoluto a la realidad, sino tan sólo al cielo nebuloso de la fantasía filosófica. Este socialismo alemán, que tan en serio y con tal solemnidad tomaba sus torpes ejercicios escolares hasta el punto de propalarlos a los cuatro vientos al toque de trompetas, fue perdiendo, no obstante, su ingenua pedantería. La lucha de la burguesía alemana, en concreto de la burguesía prusiana, contra los feudales y la monarquía absoluta, es decir, el movimiento liberal, tomo un cariz más serio. Al socialismo «verdadero» se le presentó así la deseada ocasión para contraponer a este movimiento político sus exigencias socialistas, fulminar los consabidos anatemas contra el liberalismo, contra el Estado representativo, contra la libre competencia burguesa, contra la libertad de prensa burguesa y contra el derecho, la libertad y la igualdad burguesas, predicando a las masas populares que con este movimiento burgués nada podía ganar y sí, más bien, perderlo todo. El socialismo alemán olvidaba oportunamente que la critica francesa, de la que él no era más que un eco sin vida, presuponía la sociedad burguesa moderna con sus correspondientes condiciones materiales de vida y la constitución política a ellas adecuada, presupuestos que en Alemania estaban aún por conquistar.
A los gobiernos absolutistas alemanes con todo su cortejo de curas, maestros de escuela, aristócratas del terruño y burócratas, les sirvió como el espantapájaros que necesitaban para atemorizar a una burguesía que avanzaba amenazadora. Constituía el trago reconfortante que esos mismos gobiernos daban a los obreros después de la implacable ración de latigazos y descargas de fusil como pago por sus revueltas.
Si bien el socialismo verdadero constituía, bajo este aspecto, un arma en manos de los gobiernos contra la burguesía alemana, al mismo tiempo representaba de modo inmediato intereses reaccionarios, los intereses de la baja burguesía. Proveniente del siglo XVI y resurgida una y otra vez bajo formas muy diversas, esta pequeña burguesía constituye la autentica base social del orden vigente. Mantenerla equivale a mantener el estado de cosas actual en Alemania. La dominación industrial y política de la burguesía le inspira el temor de su segura desaparición, debida por una parte a la concentración del capital y, por otra, al surgimiento de un proletariado revolucionario. El socialismo verdadero le pareció el modo de matar los dos pájaros de un tiro y se extendió entre ella como una epidemia. El ropaje tejido con las telarañas de la especulación, bordado con exquisitas flores retóricas y empapado del sentimentalismo de la embriaguez amorosa, ropaje ampuloso en que los socialistas alemanes envolvían sus escuálidas verdades eternas, contribuyó a aumentar entre ese público la venta de su mercancía. El socialismo alemán, por su parte, se identificó crecientemente con este papel de fatuo representante de esta burguesía filistea. Proclamó que la nación alemana era la nación modélica y el pequeño burgués filisteo alemán, el hombre ejemplar. Detrás de cada una de las bajezas de este tipo humano venia a descubrir un sentido socialista oculto y sublime que le hacía significar lo contrario. Consecuente hasta el final, se alzó para enfrentarse a la tendencia «burdamente destructiva» del comunismo y anunció su egregia imparcialidad por encima de toda lucha de clases. Salvo muy raras excepciones, todo cuanto en Alemania circula en calidad de publicaciones pretendidamente socialistas o comunistas pertenece a este tipo de literatura vil y enervante.

Para Fidel Castro, "el enemigo escucha" sus charlas telefónicas con Chávez


Fidel Castro sostuvo una larga conversación telefónica con su amigo, el presidente venezolano Hugo Chávez, a pesar de que "uno sabe que el enemigo escucha", según narró el líder cubano en un artículo publicado este lunes en un medio digital local.
Después del aviso de la llamada "tuve tiempo para anotar más de 25 puntos de los que pueden tratarse por una línea telefónica internacional cuando uno sabe que el enemigo escucha", dice Castro, en referencia a Estados Unidos.
"Intercambiamos criterios sobre precios de alimentos, petróleo y materias primas, inversiones requeridas, devaluación del dólar, inflación, recesión, estafa y saqueo imperialistas, errores del adversario, riesgos de guerra nuclear, problemas insolubles del sistema y otros que no requieren de secreto alguno", dijo Castro.
Aún así "sólo por excepción uso esa vía de comunicación", dijo el dirigente cubano próximo a cumplir 82 años, dos de ellos alejados del poder por una grave crisis de salud.
Desde el triunfo de la revolución de Castro, en 1959, las comunicaciones internacionales de Cuba pasaban necesariamente por Estados Unidos. Actualmente Cuba y Venezuela trabajan en la instalación de un cable submarino que posibilitará la isla una amplia banda en Internet y de comunicación internacional.
Castro recordó que este lunes es el cumpleaños de Chávez y "Raúl (Castro, hermano de Fidel y actual presidente) y yo le enviamos un cuadro del Che emergiendo de la tierra, tal como lo vio un pintor de la provincia más occidental de Cuba".
Chávez mandó un mensaje a Castro en ocasión de la fecha de inicio de la revolución -26 de julio- publicado en la prensa cubana en esta jornada.
"El hecho de que Rusia se haya puesto de pie, tiene a los halcones fuera de sí, y pretenden, a través de las transnacionales de la comunicación, pulsar la tecla del miedo", dice Chávez a Castro en ese mensaje.
Agregó que el presidente estadounidense George W. Bush "cuando ya le está llegando el inevitable declive, quiere revivir la Guerra Fría" por lo cual "no son para nada gratuitas, en este sentido, las falacias que están fabricando contra Cuba y Venezuela".

20 de julio de 2008

¿Qué sucedería si Guaicaipuro Cuauhtémoc cobra la deuda a Europa?

Luis Britto García (Revista Koeyú Latinoamericano)

Aquí pues yo, Guaicaipuro Cuauhtémoc, he venido a encontrar a los que celebran el Encuentro. Aquí pues yo, descendiente de los que poblaron América hace cuarenta mil años, he venido a encontrar a los que se la encontraron hace quinientos. Aquí pues nos encontramos todos: sabemos lo que somos, y es bastante. Nunca tendremos otra cosa.

El hermano aduanero europeo me pide papel escrito con visa para poder descubrir a los que me Descubrieron. El hermano usurero europeo me pide pago de una Deuda contraída por Judas a quienes nunca autoricé a venderme. El hermano leguleyo europeo me explica que toda Deuda se paga con intereses, aunque sea vendiendo seres humanos y países enteros sin pedirles consentimiento. Ya los voy descubriendo.

También yo puedo reclamar pago. También puedo reclamar intereses. Consta en el Archivo de Indias, papel sobre papel, recibo sobre recibo, firma sobre firma, que sólo entre el año de 1503 y el de 1660 llegaron a Sanlúcar de Barrameda 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata provenientes de América. ¿Saqueo? No lo creyera yo, porque es pensar que los hermanos cristianos faltan a su séptimo mandamiento. ¿Expoliación? Guárdeme Tonatzin de figurarme que los europeos, igual que Caín, matan y después niegan la sangre del hermano. ¿Genocidio? Eso sería dar crédito a calumniadores como Bartolomé de las Casas, que califican al Encuentro de Destrucción de las Indias, o a ultrosos como el doctor Arturo Uslar Pietri, quienes afirman que el arranque del capitalismo y de la actual civilización europea se debió a esa inundación de metales preciosos.

No, esos 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata deben ser considerados como el primero de varios préstamos amigables de América para el desarrollo de Europa. Lo contrario, sería presuponer crímenes de guerra, lo cual daría derecho, no sólo a exigir devolución inmediata, sino a indemnización por daños y perjuicios. Yo, Guaicaipuro Cuauhtémoc, prefiero creer en la menos ofensiva de la hipótesis. Tan fabulosas exportaciones de capital no fueron más que el inicio de un Plan Marshalltzuma para garantizar la reconstrucción de la bárbara Europa, arruinada por sus deplorables guerras contra los cultos musulmanes, defensores del álgebra, la poligamia, el baño cotidiano y otros logros superiores de la civilización.

Por ello, al acercarnos al Quinto Centenario del Empréstito, podemos preguntarnos: ¿han hecho los hermanos europeos un uso racional, responsable, o por lo menos productivo de los recursos tan generosamente adelantados por nuestro Fondo Indoamericano Internacional?
Deploramos decir que no. En lo estratégico, lo dilapidaron en batallas de Lepanto, Armadas Invencibles, Terceros Reichs y otras formas de exterminio mutuo, sin más resultado que acabar ocupados por las tropas gringas de la OTAN, como Panamá (pero sin canal). En lo financiero, han sido incapaces -después de una moratoria de 500 años- tanto de cancelar capital o intereses, como de independizarse de las rentas líquidas, las materias primas y la energía barata que les exporta el Tercer Mundo.

Este deplorable cuadro corrobora la afirmación de Milton Friedman conforme a la cual una economía subsidiada jamás podrá funcionar. Y nos obliga a reclamarles -por su propio bien- el pago de capital e intereses que tan generosamente hemos demorado todos estos siglos. Al decir esto, aclaramos que no nos rebajaremos a cobrarles a los hermanos europeos las viles y sanguinarias tasas flotantes de interés de un 20% y hasta un 30% que los hermanos europeos cobran a los pueblos del Tercer Mundo. Nos limitaremos a exigir la devolución de los metales preciosos adelantados, más el módico interés fijo de un 10% anual acumulado durante los últimos trescientos años.

Sobre esta base, y aplicando la europea fórmula del interés compuesto, informamos a los Descubridores que sólo nos deben, como primer pago de la Deuda, una masa de 185 mil kilos de oro y otra de 16 millones de kilos de plata, ambas elevadas a potencia de trescientos. Es decir: un número para cuya expresión total serían necesarias más de trescientas cifras, y que supera ampliamente el peso de la Tierra. Muy pesadas son estas moles de oro y de plata. ¿Cuánto pesarían calculadas en sangre?

Aducir que Europa en medio milenio no ha podido generar riquezas suficientes para cancelar este módico interés, sería tanto como admitir su absoluto fracaso financiero y/o la demencial irracionalidad de los supuestos del capitalismo. Tales cuestiones metafísicas, desde luego, no nos inquietan a los indoamericanos. Pero sí exigimos la inmediata firma de una Carta de Intención que discipline a los pueblos deudores del Viejo Continente, y los obligue a cumplirnos sus compromisos mediante una pronta Privatización o Reconversión de Europa, que les permita entregárnosla entera como primer pago de su Deuda histórica.

Dicen los pesimistas del Viejo Mundo que su civilización está en una bancarrota que le impide cumplir sus compromisos financieros o morales. En tal caso, nos contentaríamos con que nos pagaran entregándonos la bala con la que mataron al poeta.

Pero no podrán: porque esa bala, es el corazón de Europa.

5 de julio de 2008

Según Ingrid "Uribe ha sido un muy buen Presidente"… Según María Pueblo la desnutrición de su hijo es un drama.


Hoy se conoce la noticia del "rescate" de Ingrid, los 3 mercenarios gringos y 11 militares colombianos. En estos momentos creo que nuestros sentimientos no se pueden alimentar de ligereza y consenso. No olvidemos a los presos políticos en las mazmorras del Estado. No olvidemos la instalación a sangre y fuego de la agro-industria para el agro-combustible en Colombia. No olvidemos la situación de un gobierno instalado por el fraude y la coacción. No olvidemos los 4 millones de campesinos que viven en la miseria y en la indigencia por la política de la tierra arrasada; hacinados en los cinturones de miseria mientras los paramilitares de Uribe y el Estado colombiano siguen masacrando. Yo estaré alegre el día en que liberen a un preso político, el día en que los campesinos puedan retornar a sus tierras, el día en que los niños no trabajen en las calles de las ciudades, con sus huesitos rotos de frío, de hambre… rotos de injusticia social. No, hoy yo no siento alegría, para mí la alegría es otra cosa que el triunfalismo del que gozan hoy unas fuerzas militares genocidas como lo son los militares del "glorioso ejército colombiano".
Veamos que dice Ingrid:
"Ha sido un muy buen presidente"...
Y dice de la reelección, en momentos en que está claro que esta es un fraude (fraude de cohecho asunto Yidis entre otros...):
"la reelección ha sido muy buena para Colombia"
Y en momentos en que Uribe arremete contra la Corte porque esta evidencia el fraude, en momentos de plena militarización, guerrerismo y acuerdos comerciales lesivos para Colombia, Ingrid loa a Uribe de la siguiente forma:
"A partir del momento en que se prolongó en mandato del presidente de Uribe las cosas cambiaron porque las fuerzas militares de Colombia se han fortalecido"
E Ingrid dice, en momentos en que Colombia vive las masacres y amenazas de las Aguilas Negras: Uribe hizo cosas muy buenas "como la desmilitarizacion de los paramilitares". Claro, para los adinerados es muy fácil aceptar la versión del gobierno acerca de la "desmovilización de los paramilitares": Lo que para un campesino colombiano es una cruel farsa, para un parisino o un estrato alto puede ser tomado como un logro de la "democracia colombiana".
Y relativamente a Chávez y Correa, dice que su intermediación es muy importante pero…" pero bajo un condicionamiento que tiene que ser el respeto de la democracia colombiana"... parece olvidar quien violó la soberanía de quién al bombardear el Ecuador.
Ingrid habla de "Los operativos tan extraordinarios de Israel" que serían los únicos comparables a los de su ejército "le pido a los colombianos que creamos en este ejército nuestro porque nos va a llevar la paz."(sic)…
Lo cierto es que esta operación presentada como "brillante" no parece ser más que otra operación en la lógica de la del 1ro de marzo: abortar las liberaciones por parte de las FARC, para presentarlas como logro del ejército, y asesinar a traición a los voceros de las FARC. El 1ro de marzo el ejército de Colombia bombardeó el campamento de Raúl Reyes en Ecuador, asesinando después a quemarropa a los sobrevivientes y llevándose a 11 personas que hasta el momento se hallan "desaparecidas"… En aquella ocasión el gobierno colombiano supo que la liberación de Ingrid y de otros retenidos debía ser inminente, pero el gobierno prefirió eliminar militarmente a los portavoces guerrilleros aunque se abortara la liberación… Y en esta ocasión el gobierno hace gala de un triunfalismo militar cuando al parecer lo que hicieron fue interceptar una liberación que ya iba en camino, para poder presentar la liberación cómo proeza suya.
En medio de este triunfalismo guerrerista, y de estas voces que quieren olvidar el genocidio económico y paramilitar que sufre el pueblo de Colombia, Recordemos esto:
Los hechos ocurren un día después de la reactivación de la Cuarta Flota de la Armada estadounidense…
Y esto: (...)

leer más en: http://www.kaosenlared.net/noticia/segun-ingrid-uribe-ha-sido-muy-buen-presidente-segun-maria-pueblo-desn--


Conciencia Revolucionaria

2 de julio de 2008

TODOS EN CONTRA DE LA LEY DE INMIGRACIÓN EUROPEA

NO LOS LLAMEMOS INMIGRANTES....
TODOS SOMOS SERES HUMANOS. DIGAMOS LES HERMANOS DEL MUNDO

VENEZUELA LE ABRIÓ LAS PUERTAS A MILES DE ESPAÑOLES, ITALIANOS, ALEMANES, BUENO EN FIN MILES DE EUROPEOS PORQUE SOMOS UN PUEBLO HERMANO DEL MUNDO... QUE DEPLORABLE ES VER COMO LOS SERES HUMANOS TENEMOS QUE VER COMO PERSONAS INESCRUPULOSAS MARGINAN Y PISOTEAN LOS VALORES SOCIALISTAS Y HUMANISTAS DE UNA PERSONA... NO PUEDO DECIR QUE ESTAMOS EN CONTRA DE ESAS PERSONAS SOLO CONSIDERO QUE LA UNIÓN EUROPEA Q APROBÓ ESTA LEY SON UNAS PERSONAS SIN CEREBROS QUE LAMENTABLEMENTE SON UN EXPERIMENTO DE SERES HUMANOS QUE NO TIENE MANUAL DE COMO USAR SU CEREBRO...
VIVA EL SOCIALISMO HUMANISTA Y MUERA LA EXCLUSIÓN Y DISCRIMINACIÓN RACIAL Y LA LEY DE INMIGRACIÓN EUROPEA..
JUNTOS SEREMOS INVENCIBLES LEVANTEMOS NUESTRO GRITO DE GUERRA QUE SE ESCUCHE EN CADA PAÍS EUROPEO Q APOYO ESTA LEY
USEMOS LA RED DE REDES PARA DAR NUESTRO GRITO DE GUERRA USEMOS NUESTROS CORREOS NUESTROS BLOGS NUESTROS CORREOS INSTITUCIONALES Y CADA FORO EN DONDE PODAMOS PUBLICAR NUESTRO DESCONTENTO

PATRIA SOCIALISMO O MUERTE
HASTA LA VICTORIA SIEMPRE

-- Conciencia Revolucionaria